Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
 
JESUCRISTO ES LA INCLUSIÓN DE LOS EXCLUIDOS
Comentario al evangelio del domingo 31º ordinario, 3 de noviembre del 2013
Lucas 19,1-10.
 
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     El libro de la Sabiduría, un escrito del Antiguo Testamento, nos introduce al evangelio de hoy con una visión tan optimista sobre la creación y sobre la humanidad que contrasta fuertemente con la visión tan negativa y fatalista que hoy día podemos tener por la situación tan trágica y violenta que estamos viviendo, tan llena de crimen y de delitos, y más si a eso le añadimos nuestras propias fragilidades y pecados.

     Permítanme repasarles alguna parte de esta primera lectura: "Te compadeces de todos, y aunque puedes destruirlo todo, aparentas no ver los pecados de los hombres, para darles ocasión de arrepentirse. Porque tú amas todo cuanto existe y no aborreces nada de lo que has hecho; pues si hubieras aborrecido alguna cosa, no la habrías creado… Tú perdonas a todos, porque todos son tuyos, Señor, que amas la vida, porque tu espíritu inmortal, está en todos los seres. Por eso a los que caen, los vas corrigiendo poco a poco, los reprendes y les traes a la memoria sus pecados, para que se arrepientan de sus maldades y crean en ti, Señor”.

     Con esta óptica contemplamos la escena del evangelio. Jesucristo va caminando hacia Jerusalén, donde vivirá su pascua, su entrega de la vida. Llega a Jericó donde cura a un ciego y se encuentra con este jefe de publicanos, Zaqueo. Este hombre quería conocer a Jesús. ¿Qué era lo que lo movía a tener este deseo que es el que nos hace a nosotros cristianos? Quizá había oído hablar de los milagros y de las enseñanzas tan sabias de Jesucristo. El ciego del pasaje precedente nos dice que la fama de Jesús bien había llegado a esta pequeña ciudad hasta cierto punto distante de la Galilea donde Cristo se movía.

     Nosotros, ¿qué tantos deseos tenemos de conocer a Jesús? Nuestros católicos, ¿se esmeran como este publicano por conocer a Jesús? Este hombre bajito de estatura se las ingenió para poder ver a Jesús. No es común ver a un hombre rico trepándose a un árbol. Como que eso es propio de los niños. Pero por causa de la muchedumbre que acompañaba a Jesús no había otra manera de poderlo ver. Cuál sería la sorpresa de Zaqueo que se topó con esta palabra de Jesús: "baja pronto porque hoy tengo que hospedarme en tu casa”. Más sorprendida sería la gente que acompañaba a Jesús porque todos conocían quién era Zaqueo. Los publicanos tenían fama de corruptos, de tramposos, que se aprovechaban de su puesto para sacarle dinero de más a la gente. Por ello Juan el bautista los había llamado con tanta energía diciéndoles: "no cobren más de lo que está fijado”. Así es que no era sólo la fama, sino que muchos habían vivido la experiencia de las movidas de estos hombres. No sólo eso, sino que se dedicaban a servir a los extranjeros, que eso, en el pueblo judío, era algo sumamente grave.

     Pero esta es precisamente la finalidad del evangelio, mostrarnos palpablemente que Jesucristo había venido a rescatar a la gente que ya se consideraba perdida. Conviene juntar, para tener una visión integral de este evangelio, otros pasajes que nos hemos ido encontrando en nuestro repaso de Lucas: además de los pasajes que tiene en común con los otros evangelios, es propio de Lucas la parábola del fariseo y el publicano, en la que Jesús se pronuncia por este último; el pasaje de los diez leprosos, donde el evangelio pone de relieve la actitud del leproso samaritano; la parábola de las diez monedas, la del hijo pródigo, del capítulo 15; la parábola del samaritano compasivo, del capítulo 10; la parábola del pobre Lázaro, a quien Jesucristo manda al seno de Abraham, y del rico que va a parar al lugar de castigo. Saquemos la conclusión que el evangelio de Lucas, de manera especial, es el evangelio de los excluidos, Jesucristo es la Buena Noticia para todos los que padecen algún tipo de exclusión, que por diversos motivos nos inventamos los seres humanos, por cuestiones de raza, de religión, de cultura. Así proclamamos y celebramos la buena noticia de la inclusión de Zaqueo.

     Quisiera asomarme al interior de Zaqueo, aunque sea hipotéticamente, porque es la situación de todo ser humano. A Zaqueo y a sus compañeros, como a todos los seres humanos, les quedaba bien el ser publicanos: servir a los poderes humanos, hacerse del dinero de los demás, por medios legales o ilegales, "no te pido que me des sino que me pongas donde hay”, es el dicho de muchos. ¿Qué les falta a nuestras personas para convertirnos de eso? Tener motivaciones, una motivación más fuerte que el dinero y los bienes de consumo. Eso fue lo que encontró Zaqueo. ¿Por qué quería conocer a Jesús? Por el pasaje precedente del ciego, sabemos que la fama de Jesús había llegado a Jericó, que está más o menos distante de Galilea. ¿Eran sus milagros, sus enseñanzas, su predilección por los excluidos? Y eso que Zaqueo no conocía personalmente a Jesús, sólo habría oído hablar de él. Se topó con mucho más de lo que él esperaba. Este personaje de Galilea se invitó a hospedarse en su casa. Jamás hubiera pasado por su mente, de hecho él solo quería verlo a distancia, que un rabino fuera a pedirle alojamiento. Nadie acostumbraba hacer eso. Sólo Jesús, que sabía a lo que había venido a este mundo, y que no temía por los díceres de la gente.

     A esto podemos acceder si entramos en los evangelios para conocer a Jesús más que por fuera, más que de oídas, para conocerlo más de cerca, más íntimamente. Habría que repasar las páginas de los escritos del P. Chevrier para palpar su experiencia de haber sido encontrado por Jesucristo. El encuentro con Jesucristo es capaz de transformarnos radicalmente, incluso a los clérigos.
 

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