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NO TEMAN EN RECIBIR A JESÚS EN LA POBREZA
Comentario al evangelio del domingo 4º de adviento, 22 de diciembre del 2013
Mateo 1,18-24.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.

     Estamos preparándonos para la celebración del nacimiento del Hijo de Dios en la carne. La llegada del Verbo eterno a nuestro mundo es un acontecimiento supremo para nosotros los cristianos: tanto su llegada en el seno de la virgen María, como su nacimiento en aquel establo de Belén, como todos esos treinta y tantos años que vivió nuestra vida humana como nadie jamás la ha vivido, tan extraordinariamente. Y no se diga la entrega total de ese cuerpo que asumió, y de toda su persona, por la salvación de esta humanidad, así como su resurrección. La corporalidad de Jesucristo es un todo, es todo el evangelio, y eso es lo que celebramos en la navidad. Ésta es la navidad de nosotros, lo demás es secundario, los adornos, los regalos, el ambiente que se hace en torno a otras cosas. Para nosotros el corazón de la navidad no es el arbolito, como afirma un anuncio comercial, sino la corporalidad de Jesús. Nosotros nos postramos humildemente ante este acto tan magnánimo del amor de Dios plasmado en este niño tan frágil recostado en un pesebre.

     La Palabra de Dios nos dispone precisamente a esta celebración. La comunidad de san Mateo, en los primeros versículos de su evangelio, nos expone la genealogía de Jesucristo, desde Abraham hasta su padre legal, José. Es una genealogía por la vía del varón. Esta comunidad nos quiere presentar las raíces de Jesús, para que veamos que no nos cayó repentinamente del cielo, que no lo trajeron los ángeles por paquetería celestial. No. Jesús pertenece a la dinastía de Judá, a la familia del rey David. Y entre sus antepasados hay cosas que podrían avergonzar a algunos, como cosas de prostitución, de adulterio, de asesinato. Sin embargo, esta comunidad considera, y nosotros con ella, que esto es una buena noticia para este pobre mundo pecador.

     Pues bien, a pesar de habernos expuesto toda la línea paterna de Jesucristo, este evangelio abruptamente rompe con todo ello: la carne de Jesucristo viene por el poder de Dios, por obra del Espíritu Santo que ha actuado en una virgen, prescindiendo totalmente de la parte dominante de esta cultura tan religiosa como machista, como han sido todas las culturas a lo largo de nuestra historia, historia que han escrito dominantemente los varones. Pues bien, Dios rompe con el poder humano, podríamos concluir nosotros, para sacar adelante sus planes de salvación. Ésta es una lectura teológica de la virginidad de María, no es ciertamente una lectura moralista o sexualista, que pone el acento en la "impureza” de las relaciones sexuales. Tanto san Mateo como san Lucas no reparan en eso, sino en el poder de Dios por encima del poder de los hombres, de los varones.

     Para nuestro mayor conocimiento de los evangelios, convendría mucho que cada uno de ustedes comparara la anunciación del ángel Gabriel a la virgen María de la concepción de Jesucristo, con esta escena del anuncio del ángel en sueños a José. Sólo dos de los cuatro evangelios contienen esta escena. La comunidad de san Mateo pone su atención en la parte dominante, permítanme seguir insistiendo, que es el varón, para invitar a esa parte dominante a la obediencia. La ley de Moisés, palabra suprema para un judío, le impedía quedarse con una mujer que no era suya. La justeza de José no consistía en hacer las cosas con discreción, sino acoger el mandato de Dios expresado en la ley de Moisés. Pero esa justeza trascendería la ley de los judíos cuando José recibe una Palabra superior y se somete a los planes de salvación de Dios: "no temas en recibir a María por esposa porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús”. Es el llamado que también nosotros recibimos: no teman en recibir a Jesús, nacido en Belén, no teman en recibir como el Salvador a un crucificado, a un profeta ambulante que ejerció su ministerio fuera del templo de Jerusalén y fuera de los cánones de todas las sociedades que a sí mismas se consideran más decentes. No teman celebrar la Navidad en la pobreza y en la sencillez de los santos evangelios.

     Así estamos preparando nuestro espíritu para la navidad.

 

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