Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


¿POR QUÉ PREOCUPARNOS POR TANTAS COSAS?
Comentario al evangelio del domingo 2 de marzo del 2014
8º del tiempo ordinario
 
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     En nuestra lectura del "sermón de la montaña” nos topamos ahora, en el capítulo 6, con una enseñanza "escalofriante” de nuestro Señor, escalofriante en su sentido más positivo, porque en verdad nos produce escalofríos por su profundidad y radicalidad. Acojámosla con corazón de discípulos, no nos hagamos de razonamientos antes de haberla primero aceptado; no tratemos de justificar nuestros afanes actuales, propios de estos tiempos modernos.

     Lo primero que nos dice nuestro Señor es que no se puede servir a dos amos al mismo tiempo, a Dios y al dinero. El dinero, la riqueza material, el sólo afán por el dinero, puede constituirse en un amo, en un señor, en un dios en nuestras vidas. Y no se puede creer en dos dioses, no se puede servir a ambos. O le dedicas tu vida, tu tiempo, tus energías a Dios, al Dios verdadero, o le entregas tu vida al Dinero. Es distinto cuando el dinero se conserva como un mero instrumento para relacionarnos entre nosotros, social y económicamente, un instrumento bastante secundario, un verdadero mero instrumento. Pero no nos engañemos. Si nuestra vida está centralizada por el dinero, es que ese es nuestro dios, y el Dios verdadero habrá pasado a ocupar un segundo o tercer lugar en nuestras vidas, lo que a fin de cuentas lo hace ser una más de las criaturas de nuestro entorno, con lo que deja de ser Dios.

     Jesucristo nos invita hoy a hacer un examen de nuestras vidas. Con honestidad revisemos en qué lugar tenemos colocado al dinero y a nuestro afán por el dinero, y en qué lugar tenemos colocado a Dios y a todas sus cosas: la misa, la oración, el apostolado, la caridad cristiana. ¿Cuánto tiempo y cuántas energías le dedicamos a cada quien?

     Para pasar a detalles más concretos, pasa nuestro Señor a preguntarnos: ¿por qué te preocupas tanto por el vestido y por la comida? ¿A poco no es cierto que ésas son nuestras preocupaciones más fundamentales?

     Nuestro Señor Jesucristo, que es un contemplativo de la naturaleza, nos invita a entrar en el dinamismo de la creación. Sólo a los seres humanos se nos ha metido a la cabeza que la vida depende de los bienes que tenemos acumulados. Pero no somos las únicas criaturas de esta maravillosa creación. Los animalitos del campo, las aves, como lo dice Jesucristo, pero también los reptiles, los peces, los mamíferos, ¿cuántos años tienen viviendo sobre la tierra? No siembran, no cosechan, no guardan en graneros, no han inventado el dinero, ni los bancos, ni la bolsa de valores y tienen millones de años subsistiendo, alimentándose de los recursos tan abundantes que Dios ha colocado en este maravilloso planeta.

     Estas interrogantes quiere Jesucristo dejar en nuestro corazón. No las contestemos con simpleza. Entremos o vayamos entrando poco a poco en el camino que el Maestro nos ofrece, un camino de extrema confianza en Dios, de pobreza, de sencillez, de corazón limpio, de afán por el Reino de los cielos más que por ninguna otra cosa. Contemplémoslo a él, así vivió sus treinta y tantos años de su vida mortal.

  
 
 
 

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