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LOS CUARENTA DÍAS DE JESÚS
Comentario al evangelio del domingo 9 de marzo del 2014
1º de cuaresma
 
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
      El primer domingo de cuaresma, la Iglesia cada año nos ofrece este pasaje de Jesús en el desierto, tentado por el diablo. Un año lo leemos en Marcos, al siguiente en Lucas, y este año en Mateo.

     Así pues, para iniciar su ministerio de enseñanza y de milagros al servicio del proyecto de Dios que se llama Reino, Jesucristo fue primero al desierto. No se fue, sino que el Espíritu Santo lo condujo. San Marcos, por su brevedad y carencia de detalles, nos da a entender que se trataba simplemente de un tiempo prolongado de desierto, que podrían ser 40 días, o cuarenta meses, o varios años incluso. Es un tiempo de soledad, de oración, de discernimiento, un tiempo dedicado a discernir la voluntad y los planes de Dios, es lo que podemos concluir del relato de san Marcos. En cambio, Lucas y Mateo retoman ese pasaje y nos ofrecen más detalles, seguramente es el conocimiento y la reflexión que hicieron aquellas primeras comunidades de los tiempos evangélicos. Según estos dos evangelistas, ya no se trata de un tiempo tan prolongado, porque al hablarnos del ayuno de Jesús, nos están diciendo que fueron estrictamente 40 días.

     Este tiempo de Jesús es nuestro camino para prepararnos a la celebración de la vida, de la vida plena, de la vida que Dios Padre nos ofrece en la pascua de su Hijo. Es nuestra cuaresma.

     Al contemplar esta primera tentación debemos precisar en qué consiste. Una persona que tiene 40 días sin tomar alimento como que no puede considerarse que cometa pecado porque toma unos panes, ni aun cuando los tome prestados o sin pedirlos, porque todo mundo, todo ser humano, tiene derecho a llevarse un bocado al estómago. Comer no es pecado, es una necesidad primaria. Entonces, ¿en dónde está la tentación? Hay que fijarse en las palabras que dice el diablo, según el evangelista: "Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. El diablo lo que le pide a Jesús es que demuestre su condición de Hijo de Dios convirtiendo unas piedras en panes. ¿Captamos? El diablo le está indicando a Jesús un camino fácil: con poderes mágicos Cristo podría salir de todas sus necesidades, incluidas sus aspiraciones más superiores, como la instauración del reino de Dios. ¿Ése era el mesianismo de Jesús? Desde luego que no. El diablo, que en este caso personifica a las tendencias del mundo, no es el indicado para trazarle su camino a Jesús. Jesucristo, como verdadero hombre, se sometería a todas las necesidades humanas: el hambre, la sed, el frío y el calor, el dolor, la tristeza, la impotencia ante la cerrazón de los hombres, etc. Su condición de Hijo de Dios no le serviría para implantar el reino de Dios con poder humano. Su poder lo utilizaría Jesús para mostrar la compasión de Dios por los enfermos, no para cuestiones personales.

     Por otro lado, esta tentación le sirve a Jesucristo para dejarnos este mensaje contundente: "No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Es una frase del libro del Deuteronomio 8,3. En las tres ocasiones Jesucristo le responde al diablo con la palabra de Dios. La escucha de la Palabra deberá ser parte fundamental de esta cuaresma y de toda nuestra vida cristiana. Estamos invitados a vivir esta cuaresma con esta idea: también nosotros debemos poner a la palabra de Dios por encima del alimento material. Lo nuestro no es lo que dice aquel famoso dicho: ‘primero comer que ser cristiano’. Por ello Cristo, en su camino hacia la cruz, nos pedirá que renunciemos a nosotros mismos si queremos ir detrás de él.

     La segunda tentación, ¿en qué consiste? Es la tentación y la pretensión de todos los seres humanos. Queremos, obviamente, que nada nos pase, queremos que Dios nos conserve en plena salud, en completa integridad y seguridad para nuestras personas y familias. Esto es querer algo bueno. Mas sin embargo, no se lo podemos exigir a Dios. O le pedimos eso o le aceptamos su santa voluntad. Y la verdad es que Jesucristo en su vida y principalmente en el momento de la cruz, no fue tomado por los ángeles en su manos, ni gozó de la protección mágica de Dios su Padre, sino que fue sometido a toda clase de sufrimientos.

     Habemos muchos católicos que queremos que Dios no permita que nada nos pase, que entre más religiosos nos creamos menos cosas nos tienen que pasar en este mundo. Pero la verdad es que esto es tentar a Dios. Lo más cristiano, como lo hizo Jesús, es aceptar en todo su santa voluntad.

     Y la tercera: ¿qué le ofrece el diablo: poder, propiedad, dominio? Es la gran tentación de todos los seres humanos. Lo vemos en la política, en la empresa privada, en los movimientos sociales, ¡hasta en la Iglesia! Y cuánto mal nos hace a propios y terceros la pretensión del poder y del dominio, la codicia del tener. Es lo que tiene a este mundo tan destruido. Jesucristo les enseñará repetidamente a sus discípulos y a nosotros que el camino del cristiano es el servicio, es la humildad, es tomar el último lugar para llegar a ser los primeros.

     En estos cuarenta días de la cuaresma ejercitémonos en estas victorias de Jesús sobre la tentación, porque ahí está la salvación de este mundo, de cada uno de los seres humanos, el camino de la construcción del reino de Dios.

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