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JESÚS NOS CONVOCA A LA VIDA
Comentario al evangelio del domingo 6 de abril del 2014
5º de cuaresma
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     El paralítico de Betesda (Juan 5), el ciego de nacimiento (Juan 9) y Lázaro de Betania son la imagen de este pueblo sufrido, postrado, muerto en vida: por la enfermedad, por el egoísmo de la humanidad, por sí mismo, por sus propias limitaciones. La comunidad evangélica de san Juan nos relata pocas señales de Jesús, apenas unas seis, a pesar de que menciona a lo largo del evangelio que Jesús realizó muchas. Pero para muestras, con este botón o botones es suficiente. La obra de Jesús, que es la misma obra del Padre, es vivificar a los muertos, dar vida al pueblo, levantarlo, liberarlo. La resurrección de Lázaro no es un milagro particular o individualista, es señal de toda la obra de Dios.

     San Juan nos hace entrar en una realidad doble que nos sacude profundamente a todos los seres humanos, ya sea porque la vivimos personalmente o porque la padecemos en nuestros seres queridos y en nuestro entorno: la enfermedad y la muerte. Martha y María le mandan decir a Jesús: "Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo”. Al hablar de enfermedad se entiende aquí que se trata de algo grave, no cualquier resfriado de los nuestros. Y cuando Jesús llega a Betania, Martha se lamenta ante Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Y las mismas palabras le dirige María al salir a su encuentro. Hasta los mismos acompañantes en el duelo de estas hermanas se preguntaban: "¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento, hacer que Lázaro no muriera?” Es la queja, legítima y sin reclamos, que todos nos hacemos cuando perdemos a un ser querido. Con la mejor de las intenciones nos preguntamos que dónde estaba Dios en ese momento, que por qué nos dejó solos. No acallen ese reclamo, algún día Dios nos responderá todas nuestras preguntas. Jesucristo no acalla esa lamentación, al contrario, entra en sus sentimientos, llora con estas hermanas, las consuela con su presencia, y lo que es más, y es el beneficio para todos, les pondrá en pie de nueva cuenta a su hermano.

     Jesucristo le dice a Martha: "Tu hermano resucitará”. En los originales griegos dice literalmente: "Tu hermano se levantará”. Martha le responde: "Sí, ya sé que resucitará o se levantará en la resurrección, el último día”. Martha está pensando en el juicio final. Y algunos pensamos que si nuestros católicos afirmaran con seguridad que resucitaremos en el último día, ya sería mucha ganancia, porque a estas alturas ya no estamos seguros de que los nuestros tengan muy clara su fe en la resurrección final. De todas maneras Jesucristo le rectifica a Martha: "Yo soy la resurrección y la vida”, así, en presente, no en futuro. Y para que nos quede más claro, continúa: "El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”. ¿Crees y entiendes esto, y lo vives? La pregunta es para nosotros.

     Si lo entendemos y lo creemos, es decir, si lo acogemos como cosa propia, no solamente tendremos nuestra confianza en que algún día, ya cuando nos muramos biológicamente, Dios nos resucitará para la vida eterna, sino ya desde ahora. Creer en Jesús es pasar a una nueva manera de vivir, a una nueva vida, a una dimensión distinta. Creer en Jesús es vivir la vida tan intensamente como la vivió él, y entregarla como la entregó él, con la seguridad de que eso es vivir verdaderamente. Los que creemos en Cristo ya no moriremos jamás, porque para nosotros sólo existe la vida, la vida de Dios, la vida plena, la plenitud de la vida vivida desde ahora. Y al contrario, sentiremos que vivir como vive el resto del mundo, encerrados en un círculo estrecho, vivir egoístamente, mirándose sólo a sí mismos, eso no es vida, es más bien muerte de la que hay que salir y superar. Sacar a Lázaro de entre los muertos es sacarlo de la vida ordinaria para hacerlo testigo viviente de la Vida con mayúscula y de la Resurrección. Jesucristo nos abre a su vida apostólica y salvadora. Levanta a los que están paralizados por tantos motivos y razones, les abre los ojos a las gentes, sus mentes y sus corazones, en fin, convoca a todo el mundo a la Vida.

 


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