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JESUCRISTO ENCARNA AL DIOS DE LA VIDA
Comentario al evangelio del domingo 20 de abril del 2014
Pascua de resurrección
  
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
  
     En Jesucristo muerto y resucitado contemplamos gloriosamente al Dios de la vida. El que ama de esa manera tan extrema, no puede considerarse muerto. El amor sólo conoce la vida.

     En esta noche y día nos reunimos para celebrar a la vida en seno de este mundo de muerte. Somos partidarios de la vida. Queremos serlo tan radicalmente como Jesucristo. Lo expresamos con la fogata que disipa las tinieblas de la noche. Lo expresaremos con nuestras velas encendidas, para decirnos a nosotros y al mundo entero que somos y queremos ser hijos de la luz, no de las tinieblas.

     Cada evangelista nos comenta sus propios detalles del día de la resurrección de Jesucristo. Juan nos presenta sólo a una mujer. Mateo a dos, Marcos a tres y Lucas a un grupo de mujeres. Dense ustedes el tiempo para confrontar los cuatro relatos.

     San Mateo nos habla pues de dos mujeres, las dos de nombre María. Según san Mateo, los sumos sacerdotes le habían pedido a Pilato que pusiera una guardia frente al sepulcro para que no fueran a venir los discípulos a robarse el cuerpo para luego decir que había resucitado. Los guardias no se dieron cuenta en qué momento y de qué manera resucitó Jesús. De lo que fueron testigos fue del estruendo que se generó con el ángel que hizo rodar la piedra que cubría el sepulcro. El ángel no se dirige a los guardias sino a las mujeres, para comunicarles la noticia de que Jesús había resucitado, que fueran a darles la noticia a los discípulos, los cuales no se hicieron presentes en el sepulcro como la habían hecho las mujeres. Se ve que los hombres no tienen esa delicadeza femenina de ungir a los cuerpos de los seres queridos.

     Por el camino Jesús mismo se les presentó a las mujeres saludándolas: "alégrense". (El saludo no está traducido en el misal, desgraciadamente. Es la palabra griega "xáirete"). Ésta es la noticia que recibimos y celebramos: la alegría de la vida de Dios, la alegría de la resurrección de Jesucristo, la alegría de la vida que Dios prodiga para todo este mundo. El viernes santo se transforma en domingo de resurrección, la muerte se transforma en vida en plenitud. La vida cristiana consiste en vivir la alegría de la resurrección de Jesucristo y llevarla a este mundo de muerte.


 

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