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EL PROYECTO DEL PADRE: HACER UNA FAMILIA
Comentario al evangelio del domingo 18 de mayo del 2014
5º de pascua
 
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Ahora la Iglesia no nos ofrece un pasaje donde se aparece Jesús resucitado a los discípulos sino una escena que parece anterior a su muerte. Estamos en la última cena, sentados también nosotros a la mesa de Jesús. Pero si en aquella ocasión nos habíamos sentado a su mesa unas horas antes de su muerte en la cruz, ahora lo hacemos con el Jesucristo resucitado. El mismo evangelista san Juan nos reúne con el Resucitado domingo a domingo, como lo leímos en el capítulo 20. Recordamos esta enseñanza de Jesús y ahora la entendemos a la luz de su pascua. Antes de la cruz, Cristo quería tranquilizarnos y prepararnos para vivir ese momento tan dramático diciéndonos: "no se turbe su corazón”. Ahora que ya pasó el momento álgido de su pasión y su cruz, quiere que creamos en Dios y que creamos también en él. ¿Creer en qué? Creer en su enseñanza, en su sacrificio, en su entrega, en toda su persona, en el proyecto del Padre del que él es el portador y encarnación.

     "En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones”, nos había enseñado el Maestro en aquella ocasión, y esta enseñanza continúa resonando en nuestro interior a la luz de su resurrección. Quisiéramos enseñarles a todos los católicos (y desde luego que la convocación está dirigida a todos los seres humanos) que la religión de Jesús ha de entenderse en clave de "casa”, en clave de "familia”. La mayoría de los católicos se refieren a la Iglesia como si fuera algo externo a ellos: ‘casi no voy a la Iglesia’, dicen; ‘estoy muy alejado de la Iglesia’, repiten. Y los extraños nos ven como una agrupación que sólo se dedica al culto y al rezo. Jesucristo, en cambio, no entiende las cosas de Dios como lugares específicos o como prácticas devotas. Su religión es cosa de familia. Cuando Jesucristo nos habla de la casa del Padre, de la casa paterna, nos está revelando cuál es el proyecto de Dios Padre: hacer una familia con nosotros, hacer una familia con toda la humanidad. Y realizar este proyecto requiere sacrificio, por la resistencia congénita de los seres humanos, que tendemos por el pecado, a la división, a la dispersión, a la destrucción y a la muerte en vez de la vida. La casa paterna es el lugar o el ambiente donde uno se siente más seguro, más en confianza, donde se está más relajado, donde uno ama y donde a uno se le ama. En esa casa hay un lugar para todos los que quieren, para todos los que se dejan invitar por el anfitrión que es nada menos que el Padre eterno.

     La casa del Padre no es solamente aquella casa a la que todos queremos llegar, al final de nuestra vida en este mundo, al final de los tiempos. La casa del Padre es ya una realidad cuando nos atrevemos a formar la familia de Dios convocados por su Hijo Jesús, desde aquí, desde este mundo. La vida cristiana, la vida de Iglesia consiste por eso en vivir en familia. El mandamiento de Jesús es por eso amarnos unos a otros como él nos ama, no es el culto o el cumplimiento de los otros mandamientos.

     Qué labor tenemos que realizar para convencer al resto de los católicos que ya se saquen de la cabeza el entender y vivir las cosas en otra clave, de otra manera. Se trata de irnos integrando como una familia. ‘Vénganse, háganse bola con nosotros, júntense con nosotros’, es la invitación que les hacemos. No queremos presentarnos en este mundo como los buenos ni como los malos de la película, simplemente queremos ser la familia de Dios, y no porque queramos nosotros, sino porque eso es lo que quiere Dios.

     Cada vez que entramos a un templo católico lo que sobresale es el altar, ya no tanto sus imágenes. El altar no es el altar de los sacrificios del antiguo testamento. Es la mesa en torno a la cual nos reunimos para estar con Jesús, para celebrar con él su última cena, se entrega de la vida, para que él nos siga instruyendo, nos siga amando, salvando, para que nos siga enviando al mundo. En torno a esa mesa es como Jesús trabaja para hacernos verdaderamente hermanos, hijos de Dios.

     Sin embargo, no nos sentamos a la mesa de Jesús para quedarnos ahí. Una vez que celebramos su memorial es preciso levantarnos para salir al mundo. Jesucristo se nos revela como el Camino, la Verdad y la Vida. El camino porque Jesús no es un estacionamiento. Para hacer de este mundo una casa, la familia del Padre, es preciso caminar siguiendo sus pasos. El cristianismo es dinámico. Si se estaciona, deja de ser la fe de Jesús.

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