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¿QUÉ LUGAR OCUPA JESUCRISTO EN SU VIDA?
Comentario al evangelio del domingo 24 agosto 2014, 21º ordinario
Mateo 16,13-20.

Carlos Pérez Barrera, Pbro.

     En este recorrido por el evangelio de San Mateo que venimos haciendo los domingos del tiempo ordinario, nos encontramos ahora con una pregunta que viene siendo como una evaluación de nuestra comprensión y vivencia de nuestra fe en aquel a quien le venimos siguiendo los pasos: ¿quién es Jesús para nosotros, qué lugar va ocupando en nuestra vida?

     La gente de aquel tiempo pensaba que Jesús era un profeta, y un profeta de los grandes, de la estatura de Jeremías, Juan Bautista, Elías. Esto ya es un concepto muy positivo de este hombre rodeado por las muchedumbres. No les dejaba la impresión de que se tratara de un político, o un santito milagrero, o un charlatán o falso profeta, o un clérigo de aquellos tiempos, que presumía de ser muy de Dios. Nada de eso. La gente por lo menos lo creía un verdadero profeta.

     Pero desde luego que Jesucristo es mucho más que un profeta para nosotros sus seguidores. Simón Pedro responde: "tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. (Comparen ustedes la respuesta de Simón Pedro en Mateo 16 con Marcos 8 y con Lucas 9. Nos ayudaría esto a conocer más los evangelios).

     Bueno, esta fue la respuesta de Pedro. ¿Cuál es la nuestra, nuestra respuesta personal? Las siguientes preguntas nos pueden ayudar a clarificar nuestra respuesta, a concretizarla, a no quedarnos en el aire, en la mera imaginación.

     ¿Ha leído usted los cuatro evangelios completos?

     ¿Cada cuándo lee algún pasaje evangélico? ¿Lo hace cada día?

     ¿Cree tener usted un conocimiento amplio y profundo de la persona de Jesucristo?

     A lo largo de su día, de cada momento importante de su vida, ¿le viene a su mente y su corazón la luz de Jesucristo contenida en los santos evangelios? ¿O simplemente se deja llevar por sus buenos pensamientos?

     ¿Considera que su vida personal es una vida de oración continua? ¿La persona de Jesús lo acompaña constantemente?

     Tememos que a muchos de nuestros católicos no les ha llegado la Persona de Jesucristo tan fuerte a sus vidas. Si les hubiera llegado, otra cosa sería su manera de vivir: es posible que lo buscaran cada domingo o más días en la Misa; es posible que estudiarían cada día los santos evangelios; es posible que sus relaciones personales y sociales estarían impregnadas por la palabra y la presencia y el Espíritu de Jesucristo.

     El día que Jesucristo impacte nuestras vidas como lo hizo con aquellos discípulos, con Pablo, con aquellos y aquellas que se dejaron transformar por él, ese día nuestro mundo será igualmente transformado. No nos hagamos falsas ilusiones: no es lo mismo ser muy religiosos que ser de Cristo.

 

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