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VIVIR EL PRESENTE ESPERANDO ACTIVAMENTE EL FUTURO
Comentario al evangelio del domingo 30 noviembre 2014, Marcos 13,33-37.
1º adviento
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     En un principio, cuando Jesucristo murió y resucitó, los cristianos de esos primeros tiempos pensaban que él vendría pronto, lo amaban tanto y creían en su proyecto del reino que deseaban ardientemente que volviera ya. Pero el tiempo pasó y se dieron cuenta que no se trataba de un regreso inminente sino de que debían comprometerse en la construcción de ese reino cuya llegada él anunció y por el cual entregó su vida hasta la muerte en cruz. Se contagiaron de su ilusión e hicieron de esa ilusión su vida cristiana, como un presente, como él en persona presente en medio de ellos, como una realidad pero también como un futuro que debían esperar.

Cuando el evangelio según san Marcos se escribió, que fue el primero de los cuatro, ya habían pasado como unos cuarenta años de la muerte y resurrección de Jesús. De esta manera, las palabras de su Maestro les servían de aliento y de fuerza para que no cayeran en una vida pasiva a la espera de la llegada inminente de Jesucristo, sino todo lo contrario, como una llamada a vivir en la espera activa, como de quien camina decidido al encuentro del ser amado y de su proyecto de vida.

  El tiempo de adviento es un tiempo favorable para reavivar en cada uno de nosotros los cristianos y en toda la Iglesia en su conjunto, el espíritu de la esperanza. Vivir la espera cristiana es cosa de todo el año, pero en adviento lo vivimos de manera más intensa. Para esto nos van a ayudar las lecturas de la liturgia, pero también debemos recurrir a la lectura personal de la sagrada Escritura, a la oración, a la penitencia para soltar el espíritu, al servicio, a la caridad, y lo que es más, al compromiso por transformar este mundo según los criterios de Dios.

Pero la generalidad de nuestros católicos viven inmersos en las cosas del mundo, atrapados en la inmediatez de sus necesidades y sus gustos. Viven al día, como dormidos en relación con las cosas de la fe.  Vivir el presente es una virtud, ciertamente, pero no sólo debe serlo en las cosas materiales, sino vivir al presente la espiritualidad que nos ha enseñado Jesús. Jesucristo nos enseña y nos manda que vivamos despiertos, en vela, preparados.

Y sin embargo, ¿qué vamos a ver y a vivir en estos días de diciembre y desde antes? Casi toda la sociedad se va a volcar en estos próximos días hacia los departamentos comerciales. Hay que preparar los regalos, las comidas, las bebidas, las prendas de vestir a estrenar en los días navideños. Para ello son necesarios el aguinaldo, los ahorros de todo el año, las deudas.

Pero la navidad es mucho, muchísimo más que eso. Lo que debemos ir preparando es un mundo de paz como lo vino a traer e iniciar Jesucristo; un mundo de justicia, un mundo de amor; ésa es en realidad la navidad que queremos, la navidad de Jesús. Primeramente los cristianos debemos sentir la urgencia de ya cambiar este mundo. Es humanamente intolerable la violencia y las formas atroces de violencia que estamos padeciendo. Debemos sentir la urgencia de cambiar este mundo que se ha volcado hacia los bienes materiales, hacia las comodidades y los adelantos de la época, pero todo ello en detrimento de nuestra calidad de vida espiritual.
Vivir en ese compromiso transformador esperando la plenitud de los tiempos, es la auténtica manera de vivir la vida cristiana.
       

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