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JESUCRISTO ES NUESTRA ALEGRÍA
Comentario al evangelio del domingo 14 diciembre 2014, Juan 1,6-8 y 19-28.
3º adviento
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     El tercer domingo de adviento es el domingo de la alegría, esa alegría que nos brinda una esperanza bien fundada. El Señor está cerca. Adviento es vivir en la ilusión que nos da Dios, la esperanza nos alienta en esta caminata,  la alegría es la tónica de la fe, caminamos con entusiasmo al encuentro con el Señor. ¿Así vivimos nuestra vida cristiana?

     Escuchamos en la primera lectura, tomada del libro del profeta Isaías: "Me alegro en el Señor con toda el alma y me lleno de júbilo en mi Dios; porque me revistió con vestiduras de salvación y me cubrió con un manto de justicia”.

     San Pablo, por su parte, nos dice en la segunda lectura: "Vivan siempre alegres”. ¿Cómo vivir alegres si esta vida tiene tantas dificultades, tantos problemas, tantas maldades? Ahí está precisamente el secreto de nuestra vida cristiana.

     Un camino donde la gente busca la alegría es el dinero, las comodidades, las diversiones, los placeres, el vicio. Pero pronto se dan cuenta que estas alegrías son por demás pasajeras, vana ilusión, como le llama uno de los escritos de la Biblia, el Eclesiastés. Nosotros, en cambio, buscamos la alegría en Dios, en su Hijo Jesucristo, en su evangelio, en su reino. ¿Será también una vana ilusión? Hagámonos con seriedad esta pregunta porque en la religión hay muchas cosas que carecen de contenido. Un pensador del siglo antepasado decía que la religión es el opio del pueblo.

     Nosotros hemos encontrado la alegría en nuestro señor Jesucristo. Jesús no es un mero nombre, no es una imaginación en nuestras vidas. Jesucristo es esa persona real que encontramos en los santos evangelios. Él, después del testimonio de Juan en el Jordán, se presentó en Galilea y transformó la vida de aquellas gentes, así como lo escuchamos en la primera lectura: "El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los de corazón quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos, la libertad a los prisioneros y a pregonar el año de gracia del Señor”. Esta obra no ha quedado en el pasado, la continuamos nosotros, es el futuro de nuestro mundo, la meta de nuestro caminar. Participamos activamente en la obra de Jesucristo. Para nosotros vivir la caridad de Jesucristo es nuestro gozo, servir a los demás nos brinda más alegría que cualquier diversión o placer de este mundo, entregar la vida para que este mundo viva, es para nosotros obtener la vida en plenitud. Así lo hemos aprendido de Jesucristo, así como él lo vivió en su vida mortal. Por eso caminamos alegres en medio de tantas dificultades, porque nuestro sustento, nuestra base, es el mismo Jesucristo, el Hijo de Dios.

     En el evangelio contemplamos a Juan bautista, dando ese testimonio: él no era la luz, él no era el Mesías, ni siquiera se consideraba a sí mismo un profeta. Él sólo vino a poner su vida entera al servicio de la Luz de este mundo, de la Vida de este mundo, de la Alegría de este mundo que es Jesucristo. Nosotros queremos reavivar estas actitudes de manera intensa en este tiempo de adviento, no sólo para prepararnos a la navidad, la gran fiesta de la salvación para este mundo, sino para ir construyendo ese futuro bello para toda la humanidad, en Jesucristo nuestro Señor.

 

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