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LA HORA DE LA GLORIFICACIÓN DE CRISTO
Comentario al evangelio del domingo 22 marzo 2015, Juan 12,20-33.
5º domingo de cuaresma
 
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Qué bonito se abre este pasaje evangélico de san Juan: un grupo de griegos se acercaron a Felipe con una bella petición: "Queremos ver a Jesús”. Cuánto nos alegraríamos con que nuestros católicos, y principalmente los no creyentes, se acercaran a nosotros con esa misma súplica, y que todos nosotros pudiéramos conducirlos al conocimiento de Jesucristo, y eso porque nosotros mismos hemos crecido en ese conocimiento. Esta debería ser la primera petición de los que se acercan ocasionalmente a la Iglesia, no para pedir un bautismo, boda, quinceañera o funeral, sino para solicitarnos conocer a Jesús. Por ahí empieza nuestra fe, nuestra vida cristiana, nuestra vida de Iglesia.
 
     La petición de estos griegos es la señal que Jesús interpreta como "su hora” que ha llegado, el momento de su entrega final de la vida. Jesucristo quiere vivir esta hora de esta manera: "ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado”. ¿Cómo entendemos la palabra "glorificar”? Glorificar es darle gloria a una persona, rendirle honores, alabanzas, ponerlo en un buen lugar. Si Jesús habla de ser glorificado, ¿a qué nos imaginamos nosotros que se refiere? Nosotros podemos pensar que se refiere a su resurrección, a su ascensión a la derecha del Padre, a la victoria humana de su proyecto del Reino de Dios por encima de los reinos de este mundo. Pero resulta que no, como lo podemos comprobar por los versículos que siguen:
 
     En el versículo 24 Jesucristo habla del grano que muere en la tierra; en el 25 habla de no amarse a sí mismo sino aborrecerse; en el 27 pide ser librado de esa hora, dando a entender que es una hora desagradable, pero que sin embargo la asume en la obediencia; y en el 33 nos dice claramente el evangelista que Jesucristo se refería a la forma en que había de morir.
 
     Así es que Jesucristo está hablando de su muerte. ¿Por qué le llama glorificación a ese momento tan trágico? Primero hay que decir que la muerte es algo indeseable. Dios no quiere la muerte de nadie, menos la de su único y amado Hijo. Dios no quiere la muerte de ninguno de nosotros, que estamos muriendo en este mundo marcado por la muerte. Dios quiere la vida, nuestro Dios es el Dios de la vida, no de la muerte. La muerte de Jesús, su muerte en la cruz que estamos a unos cuantos días de celebrar, es una muerte que nos debe avergonzar como mundo, una muerte en la que dejamos en evidencia lo más bajo de nuestra pobre humanidad. Esto no hay que dejar de afirmarlo y de repetirlo.
 
     Sin embargo, la muerte de Jesús, no vista desde nuestra realidad de mundo sino desde los designios de Dios, es entrega de la vida. Esta entrega de la vida nos habla de la gratuidad de Dios, esta entrega de la vida pone en evidencia el grande amor que Dios le tiene al mundo, amor del que el domingo pasado veíamos que Jesús le hablaba a Nicodemo. Por tratarse de entrega de la vida, por eso Jesucristo la quiere vivir como una glorificación. Será verdaderamente glorioso desprenderse de su vida en la cruz. Jesucristo nos ayuda a entender este acto de entrega de la vida con una parábola muy sencilla: el grano de trigo. Cualquier semilla, al ser sembrada, se inmola para generar una vida más abundante. Jesucristo es ese grano de trigo que entrega su vida generosamente para que este mundo tenga vida y la tenga en abundancia.
 
     A esta entrega de la vida nos convoca Jesucristo en su seguimiento: a nosotros los que queremos ser cristianos, a todos los seres humanos. El que se aferra a su vida, ése la pierde. En cambio, el que se desprende de su vida, ése la conserva para la vida eterna, y produce junto con Jesucristo vida abundante para los demás. ¿Lo entendemos así y lo vivimos?
 
     El egoísta, el que se aferra a su vida, a sus cosas, a su persona, a sus intereses, ése es un ser estéril, se pierde a sí mismo. En cambio, el que no mira por sí mismo sino por las necesidades de los demás, por la salvación de este mundo, ése, en seguimiento de Cristo, genera vida para este mundo. Son las personas que precisa nuestro mundo para tornarse un mundo de vida. Para celebrar la vida es para lo que nos estamos preparando en esta cuaresma.

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