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DOMINGO DE RAMOS: LA LLEGADA DEL REINO DE DIOS
Comentario a las lecturas del domingo de ramos, 29 marzo 2015
Marcos 11,1-10 y Marcos 14 y 15.
 
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Con la procesión de ramos iniciamos la celebración del misterio central de nuestra fe cristiana: la pascua de Cristo, su entrega de la vida en obediencia al proyecto de Dios Padre de inaugurar su Reino de amor, de paz, de justicia para toda la humanidad, sin excepciones, poniendo en el centro la reivindicación de los pobres, de los excluidos, de los oprimidos. El reino de Dios no se hará sin ellos, sólo será posible cuando ellos sean colocados en la inclusión a la que está llamado todo ser humano. Habría que estudiar todo el evangelio según san Marcos con esa óptica.

     Encontraría Jesucristo la fuerte resistencia de los hombres a ese proyecto de vida de Dios. Si Dios sale al encuentro de la humanidad con su propuesta de la vida, los hombres le responden con la muerte.

     Jesucristo había realizado su labor o ministerio en Galilea y aún más allá de sus fronteras, en tierra de paganos. Su ministerio consistía en proclamar la cercanía del reinado de Dios, lo proclamaba de palabra y por medio de milagros. ¿Qué captaban aquellas gentes ante la propuesta de un nuevo reino que no era el instaurado por seres humanos? Los milagros les ayudaban a entender que la novedad y el favor de Dios estaban llegando a ellos.

     Seguramente con esa ilusión y con ese entusiasmo siguieron a Jesucristo en su caminar hacia Jerusalén. Todos los judíos, incluidos los galileos tenían que peregrinar a esa ciudad santa para celebrar la pascua, la conmemoración de la liberación de la esclavitud en Egipto. Al seguir ese camino, al entrar en la ciudad seguramente pensaban y sentían que ese nuevo proyecto iba a llegar también a la capital del país. Jesucristo era su líder, su maestro, su rey.

     Y así los vemos. San Marcos no nos da a entender que la gente de la ciudad salió al encuentro de Jesucristo, sino que fueron sus acompañantes desde Galilea quienes entraron festivamente con él. Jesucristo sabía lo que le esperaba en esa ciudad y en esa fiesta de la pascua. Lo sabía porque incluso lo había anunciado previamente a sus discípulos.

     Su entrada a Jerusalén parece una entrada triunfal, así como llegan los candidatos políticos, o los funcionarios públicos. Pero la entrada de Jesús fue la entrada de una persona humilde, pobre, acompañado de una multitud de pobres. Venían cargados de ilusiones, de la gran ilusión del reinado de Dios. Con esas gentes pobres Dios quiere hacernos llegar su Reino. ¿Comprendemos el misterio de Dios? ¿Nos sentimos convocados por ese misterio? La nueva humanidad se hace siguiendo los pasos de Jesús, la nueva humanidad no es un proyecto de los hombres, especialistas en la exclusión.

 

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