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YO SOY EL PASTOR, PAPÁ, MAESTRO, SACERDOTE
Comentario al evangelio del domingo 4º de pascua. Juan 10,11-18.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
A este domingo 4º de pascua le llamamos del Buen Pastor. Cada año repasamos alguno de estos tres pasajes del capítulo 10 de san Juan: en el ciclo A proclamamos los vv. del 1 al 10; en el ciclo B, los vv. del 11 al 18; y en el C, los vv. del 27 al 30. En este capítulo 10 Jesucristo se presenta como el Buen Pastor del rebaño de Dios. ¿A qué rebaño se refiere? A todos los seres humanos. Es preciso comentar que en el capítulo 9 san Juan nos narra la curación de un ciego de nacimiento y los conflictos que se suscitaron por parte de los judíos para con el ciego y para con Jesucristo, por haberlo curado en sábado, y además por las ideas fijas que ya traían en contra de Jesús.

Al terminar el capítulo 9 leemos que Jesucristo les dice a los judíos en tono de denuncia: "Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos” (Juan 9,39). Así es que todo el capítulo 10 se desenvuelve en tono de conflicto. La parábola del buen pastor nos parece muy bonita, y lo es, pero la verdad es que se trata de una denuncia muy fuerte de la religiosidad judía. Frente a este ciego de nacimiento Jesucristo no pasó de largo, como hacía la religión judía, no lo despreció como si fuera un pecado, no lo marginó más de lo que ya estaba, todo lo contrario, Jesucristo pasó por su vida y lo acogió, lo levantó, lo rescató, como un buen pastor que sale a buscar a cada una de sus ovejas y las trae al rebaño, para que ninguna se pierda.

Esta imagen tan plástica que nos parece tan bonita y tan pedagógica en nuestra enseñanza y nuestra catequesis, en realidad, no sobra decirlo, es una experiencia que no tenemos los que vivimos en la ciudad. Nosotros no tenemos cabras, vacas o borregas a las que criamos. Nosotros los citadinos trabajamos en la obra, en la maquila, en la oficina. Por ello habría que traducir esta parábola a una experiencia más de nosotros, más urbana.

Puede ser la imagen de un buen profesor, de una buena enfermera, de un buen patrón de sus trabajadores que se preocupa por ellos, en fin, de un buen padre y una buena madre de familia. Jesucristo es como un buen maestro o maestra que se preocupa por sus alumnos, que está pendiente de ellos, que no permite que se practique el bulling, que no haya hostigamiento, que está vigilante para que no se introduzcan las drogas o sus vendedores en las cercanías de la escuela, que está pendiente de las bajas y las altas de cada uno de sus alumnos, que capta los problemas que están viviendo. Porque la verdad es que hay muchos profesores y profesoras que sólo cumplen con su horario de trabajo para cobrar la quincena.

Jesucristo es como un buen sacerdote que se preocupa de sus fieles parroquianos, que los pone en contacto con la Palabra de Dios, que los evangeliza, que ora por ellos, que los corrige y les exige cuando hace falta, porque sabe que seguirles la corriente en sus solicitudes puede no ser una auténtica evangelización, que poco a poco los va conociendo, que no se limita a cumplir con las ceremonias, sino que los conduce por el camino que Dios les va trazando. Porque la verdad es que hay muchos sacerdotes que sólo cumplen como administradores pero no como pastores.

Jesucristo es como un buen padre o madre de familia que habla con sus hijos, que los educa, que los conduce por un buen camino, que les da tiempo personal, que juega con ellos, que sale con ellos, que no sólo les da de comer o que les da para comprar. Porque la verdad es que hay padres y madres que son muy desentendidos de la educación de sus hijos, que sólo cumplen medianamente con ellos, que les gritan, que les dan órdenes, que no les dan tiempo.

Jesucristo es como un buen catequista que se interesa personalmente por cada uno de sus niños, jóvenes o adultos, que los conoce por su nombre, conoce su problemática, que los atiende más allá del horario de catecismo, que no es funcionalmente catequista sino un buen pastor o pastora como Jesús.

Jesucristo, así como habla del buen pastor, habla también del lobo y del asalariado. El lobo es el que sólo viene a matar y a destruir, y el asalariado es el que sólo cumple con el mínimo de su trabajo, pero que en realidad no le preocupan las personas que están a su cargo sino sólo su salario.

Sería bueno que nos miráramos a nosotros mismos en estas comparaciones que nos brinda Jesucristo: ¿cómo respondemos de nuestro ser papá o mamá, maestro, enfermera, sacerdote, catequista, obispo, coordinador, etc.?

Jesucristo da la vida por las ovejas, es decir, por cada uno de nosotros. No vino para cumplir con un oficio, vino a entregarse por completo a la salvación de esta humanidad, con una atención personal con cada uno como le vemos en cada uno de sus milagros y encuentros.
       

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