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YO SOY LA VITALIDAD DE USTEDES
Comentario al evangelio del domingo 5º de pascua. Juan 15,1-8.
 
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     El domingo pasado escuchábamos de Jesús: "yo soy el buen Pastor”. En otros lugares de este evangelio según san Juan, Jesucristo nos revela distintas facetas de su identidad: "Yo soy el pan de vida” (6,35), "yo soy la luz del mundo” (8,12), "yo soy la puerta de las ovejas” (10,7), "yo soy la resurrección y la vida” (11,25), "yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (14,6). Hoy pues escuchamos: "Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador”; "yo soy la vid, ustedes los sarmientos”. Descubriendo su identidad Jesucristo nos revela la persona, el corazón, los proyectos del Padre. La comunidad evangélica de san Juan, que ha recogido y vivido en su espiritualidad todas estas enseñanzas, nos contagia con esto la centralidad de Jesucristo en ellos, en todo cristiano, nos convoca a centrar toda nuestra atención y toda nuestra vida en la persona de Jesucristo: él es todo tanto para nosotros como para el mundo.
 
     Esta enseñanza nos la ofrece Jesús en la última cena. Se está despidiendo de sus discípulos en su vida mortal, para retomar una nueva presencia en ellos y en nosotros. Los cristianos podemos tomar diversos caminos: o bien, hacer cada uno de nosotros su propio camino y su propia vida de manera independiente de Jesús, o seguir el camino del mundo, y nutrirse del mundo, de sus ideologías, de su materialismo, de su estándar de vida, de su propaganda. O bien, ir haciendo nuestra vida tomando nuestra vitalidad del mismo Jesucristo nuestro Señor.
 
     ¿Qué nos está diciendo Jesucristo con esta parábola?
 
     Yo soy la vid, mi Padre es el viñador, ustedes los sarmientos. Imaginémonos un cristiano, una comunidad, una Iglesia alimentándose constantemente del árbol al que está unido. No se puede entender la vida cristiana y la vida de Iglesia de otra manera, aunque desgraciadamente así hemos querido hacerlo a lo largo de la historia. Tanto el cristiano de la base, como la Iglesia y su jerarquía, hemos hecho una estructura a nuestro modo, a modo del mundo.
 
     Por ejemplo nuestros católicos en general, ¿cómo se alimentan de Jesús? Salen a trabajar todo el día, vuelven a su casa, encienden el televisor, o se van a divertir, se juntan con sus amigos, se van a sus compras, se dejan atrapar por este mundo, que no necesariamente hay que decir que es malo, pero el mundo no es Jesús, es el mundo, encerrado en sí mismo, en sus propios afanes. ¿Cómo puede subsistir cristianamente, espiritualmente una persona sin alimentarse? ¿Cómo puede una rama tener vitalidad si no está unida intrínsecamente al árbol, si no está injertada, si no toma su vitalidad de él?
 
     El cristiano requiere estar continuamente conectado a Jesucristo. Esta frase tendríamos que estárnosla repitiendo constantemente todos, absolutamente todos los católicos, convencernos que la vitalidad de Cristo es la que tiene que fluir por nuestras venas espirituales, incluso por nuestra carne, por nuestra mente, nuestro corazón, por todo nuestro espíritu.
 
     ¿Cómo alimentarnos de Jesús? Está ciertamente la oración, los sacramentos, pero yo insisto siempre y de muy diversas maneras en el estudio de los santos evangelios, y de los demás escritos bíblicos entendidos a partir de la persona de Jesucristo. No los invito solamente a leer los evangelios, sino a entrar en un camino de comprensión que nos vaya llevando poco a hacer propia la vitalidad de Jesús. Si nos alimentamos constantemente de Jesús llegaremos a ser como él, él llegará a ser él en nosotros. Daremos al mundo los frutos que él mismo le quiere dar.

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