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LA OBRA DE DIOS PARECE UNA LOCURA A LOS HOMBRES
Comentario al evangelio del domingo 10º ordinario. 7 junio 2015
Marcos 3,20-35.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
Quisiera ofrecerles esta paginita de un poeta libanés que tiene cierta relación con el pasaje de san Marcos que hemos escuchado para entrar en ambiente:
Me preguntáis cómo me volví loco. Así sucedió:
Un día,… desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras -sí; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado… corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando:
-¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!
Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó:
- ¡Miren, es un loco!
Alcé la cabeza para ver quién gritaba, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro, y mi alma se inflamó de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance, grité:
-¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!
Así fue que me convertí en un loco.
Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser…
     Nuestro Señor Jesucristo, como nos lo platica este evangelio en el capítulo 6, había sido el artesano del pueblo, un vecino más, una persona ‘normal’, digamos. Pero luego, después de un tiempo de desierto, empezó su ministerio de enseñanza y de milagros. Jesús empezó a prodigar la sabiduría de Dios en un lenguaje sencillo, le hizo llegar al pueblo la buena noticia de que el proyecto de Dios estaba cerca, y precisamente para ellos. No es exactamente el caso de Gibrán Jalil, pero en cierta manera este poeta nos motiva a poner atención y a explicarnos en parte lo que le sucedió a Jesucristo: se salió de la normalidad. Sus parientes lo juzgaron loco, y los escribas lo acusaban de estar poseído por Satanás.

     Eso pensaron algunos, sobre todo encasquetados en el poder, acerca de Monseñor Romero, que recientemente fue beatificado. Los militares en el gobierno lo tenían por comunista, y muchos ‘bien pensantes’ en la jerarquía eclesiástica, lo tenían por equivocado, por alguien que no sabía lo que hacía y decía. A san Francisco de Asís lo juzgaron loco, porque dejó todo cuando se enamoró de Jesucristo. A San Pablo también lo tuvieron algunas gentes por loco, como él mismo lo dice en una de sus cartas: "véanme aquí hecho un loco” (2 Corintios 12,11). Nosotros vivimos en la convicción de este apóstol: "Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres” (1 Corintios 1,25). Nosotros no temamos pasar por locos entre nuestros familiares y amistades si es que nos hemos dejado cautivar por Jesucristo, si nos dedicamos convencidamente a trabajar en su obra.

     Sus parientes lo tenían por un destrampado, pero lo más grave era lo que decían los escribas, porque así se defendían a sí mismos: éste está endemoniado, y con el poder del demonio expulsa los demonios. Jesús les dice que este es un pecado que no tiene perdón de Dios. Porque esta cerrazón los vacuna contra cualquier obra buena, así venga del mismo Dios. Decir que algo de Dios es de Satanás eso es aberrante, porque es ver el mundo al revés, los valores se convierten en antivalores y viceversa. Y esta distorsión espiritual pervive hasta el mundo de hoy: a quienes luchan por la justicia, por el respeto a los derechos humanos, por la dignidad de los más pobres y excluidos, por la conservación de la naturaleza, etc., se les ataca porque subvierten el actual orden de cosas, orden que sólo beneficia a unos cuantos y afecta a las grandes mayorías.

     Para hacerles ver su grave error, Jesucristo apela al sentido común: un reino no puede estar dividido contra sí mismo porque fracasa. Satanás no puede expulsar a Satanás. Un equipo de futbol no puede estar anotando goles en su propia portería porque irremediablemente pierde el partido. Los periodistas hablan de "fuego amigo” cuando los políticos se atacan entre sí mismos. Tristemente eso nos sucede y nos ha sucedido muchas veces al interior de la Iglesia. Antes de discernir si un movimiento es del Espíritu ya nos dejamos ir contra él, como cuando la iglesia de Antioquía se abrió o fue abierta por el Espíritu Santo a la evangelización de los paganos. Cómo sufrieron el hostigamiento de algunos de la iglesia de Jerusalén. Vean Hechos 14 y 15.

     Y para continuar con los parientes de Jesús, termina diciendo este evangelista que sus familiares llegaron a buscarlo (quién sabe si para llevárselo) cuando estaba ocupado con la gente, quienes lo escuchaban con mucho gusto. Jesucristo nos ofrece unas palabras que debemos tratar de entender y vivir desde nuestro corazón: ¿quiénes son la familia de Jesús? Aquí en San Marcos, Jesucristo dice: "los que cumplen la voluntad de Dios”. En san Lucas lo escuchamos mencionar más claramente la Palabra: "aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen” (Lucas 8,21).

     Los que estudian la Sagrada Escritura, especialmente los santos evangelios, esos son la familia de Jesús; los verdaderos cristianos y católicos, discípulos de Jesucristo. No es tanto un tipo de religiosidad o actos de piedad, o liturgia lo que nos hace ser familia de Jesús, sino la escucha y el vivir la palabra escuchada.

     Hay que decir que la pastoral familiar de nuestra Iglesia debería de partir de este pasaje evangélico, porque es Jesús el que nos enseña cuál es la nueva familia que él se quiere formar.

 

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