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EL PAN DE VIDA PARA ESTE MUNDO DE MUERTE
Comentario al evangelio del domingo 20º del tiempo ordinario
16 agosto 2015
Juan 6,51-58.
 
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Continuamos con la enseñanza de Jesucristo sobre el Pan que baja del cielo para dar vida a este mundo de muerte. Pensemos en el mundo que nos ha tocado vivir, o el mundo que nosotros mismos hemos construido: un mundo de muerte por causa de las ansias de poder que anidan en nuestros corazones, por el afán de dinero, de poseer, de despojar a otros, por causa de nuestro materialismo. Unos son más responsables que otros, pero todos ponemos nuestro granito de arena en este mundo que hemos hecho y les vamos a heredar a las próximas generaciones.

     Es a este mundo al que le viene a dar vida nuestro señor Jesucristo. Este mundo necesita a Jesucristo, nosotros se lo tenemos que servir, "vender” como dicen los jóvenes, proporcionar, presentárselo atractivo, sin engaños, tal como es, que de veras es el que les puede dar vida, sacar de este ambiente de muerte que a nadie beneficia: ni a los que poseen ni a los desposeídos.

     Jesucristo utiliza un lenguaje bastante fuerte, provocativo, hasta repugnante para los oídos de aquellos judíos que eran enemigos de tomar la sangre de sus sacrificios, porque Dios mismo se los había prohibido. Pero con esa claridad nos obliga a comprender que se trata de hacer de su persona un alimento verdadero para nosotros. Que no se trata solamente de "creer” superficialmente en alguna de sus enseñanzas, o de creer como un acto meramente mental, o aceptar a medias sus anuncios y llamadas a la conversión, o a medias aceptar su Reino. No se diga que Jesucristo no se refiere a esta clase de catolicismo "lait” (ligero) que nos hemos inventado y que tanto les gusta a la inmensa mayoría de nuestros católicos. O esa Iglesia jerarquicista que nos hemos construido, pero que no parece en muchos aspectos la Iglesia de Jesucristo, porque nos hemos alejado de su Evangelio, de su Persona, porque el Hijo de Dios no está en el centro de nuestra estructura eclesiástica.

     No. Jesucristo quiere que nos nutramos de su persona. Carne y sangre es la totalidad de una persona. Alimentarnos de él significa apropiarnos de sus milagros, entrar efectivamente en esa línea, de abrirles los ojos a los ciegos, y también a los que dicen que ven; abrirles los oídos a los sordos, y a los que dicen que oyen; dedicarnos a buscar a los excluidos y contaminados de nuestra sociedad para incorporarlos de pleno derecho a nuestra comunidad.

     Alimentarnos de él significa apropiarnos de sus enseñanzas, de manera integral, hacer nuestro su sermón de la montaña, sus parábolas, su sabiduría tan contrastante con la sabiduría de este mundo, tan contrapuesta. Apropiarnos de su espiritualidad, de su pobreza, de su sencillez, dejar a un lado nuestras pretensiones de poder, de dominio, de prestigio.

     Alimentarnos de él significa apropiarnos de sus conflictos con los principales del pueblo y de la sociedad que son los que marginan a los más desprotegidos. Si no nos alimentamos de su valentía no nos estaremos alimentando de su persona.

     Si este mundo se alimenta de Jesucristo de manera integral, tal como nos lo presentan los santos evangelios, este mundo tendrá la vida en plenitud.

 

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