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UNA RELIGI√ďN Y UNA SOCIEDAD QUE ATENTA CONTRA LA VOLUNTAD DE DIOS
Comentario al evangelio del domingo 22¬ļ del tiempo ordinario
30 agosto 2015
Marcos 7,1-23.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Hoy que abrimos el mes de la Biblia nos tocan estas lecturas donde Dios nos invita, hasta de manera enérgica, a escuchar su Palabra y ponernos a su obediencia. Tanto la lectura del Deuteronomio como la carta de Santiago nos preparan a la lectura evangélica.

     El cap√≠tulo 4 del libro del Deuteronomio nos habla de la religiosidad que Dios quiere de su pueblo: una religi√≥n de escucha y obediencia de su Palabra. Vers√≠culos m√°s adelante habla de que Dios no quiere adoraci√≥n de cosas o culto que desv√≠e la atenci√≥n de la obediencia ante su Palabra. En el mundo hay tres religiones de libro sagrado: el juda√≠smo, el cristianismo y el islamismo. Nosotros los cat√≥licos nos hemos desviado un poco de eso. Tenemos que volver a nuestros or√≠genes, a nuestras ra√≠ces, a nuestros cimientos: la escucha de la Palabra.

     A esto precisamente nos exhorta el ap√≥stol Santiago. Perm√≠tanme repetir algunos vers√≠culos de la segunda lectura que hablan por s√≠ solos: "nos engendr√≥ por medio del Evangelio‚Ķ Acepten d√≥cilmente la palabra que ha sido sembrada en ustedes y es capaz de salvarlos. Pongan en pr√°ctica esa palabra y no se limiten a escucharla, enga√Ī√°ndose a ustedes mismos‚ÄĚ. Con la celebraci√≥n del mes de la Biblia queremos convencer a nuestros cat√≥licos del lugar que debe ocupar la Palabra de Dios en sus vidas.

     Hemos regresado al evangelio seg√ļn san Marcos. Jesucristo llama severamente nuestra atenci√≥n sobre la estructura religiosa y la estructura social y econ√≥mica que los seres humanos nos vamos inventando y que ponemos por encima de la voluntad de Dios. Nuestras costumbres, nuestras tradiciones, nuestros convencionalismos no pueden sobreponerse a la Palabra de Dios revelada en su Hijo Jesucristo.

     Es necesario que nos pongamos a revisar, tanto a nivel personal, local y eclesial, nuestras tradiciones. Es inevitable que nos inventemos y nos heredemos tradiciones y costumbres humanas, no podemos vivir sin ellas. Pero debemos estar en continua revisi√≥n, porque si se oponen a la voluntad de Dios, entonces tenemos que cambiarlas. Pongamos algunos ejemplos que nos iluminan:

     Jesucristo nos habla de dos ejemplos: el rito de la purificaci√≥n antes de sentarse a la mesa. Eso no es un mandamiento de Dios, es una tradici√≥n religiosa que no debe imponerse sobre todo mundo.

     También Jes√ļs nos habla del korb√°n en los vers√≠culos del 9 al 13, que no se proclaman hoy. El korb√°n es una declaraci√≥n solemne que hace una persona mediante la cual todo lo que posee se vuelve ofrenda a Dios y as√≠ ya no se le puede canalizar a sus padres. Esto, dice Jes√ļs, va contra el mandamiento de honrar al padre y a la madre, es decir, una tradici√≥n que va contra un mandamiento de la ley de Dios.

     El evangelio seg√ļn san Marcos tiene ese com√ļn denominador: las leyes de la pureza del pueblo jud√≠os marginaban severamente a los leprosos, a los enfermos en general, a las mujeres, a los pecadores, a los discapacitados, a los extranjeros. Jesucristo con su palabra y su actividad milagrosa les hace ver que esas leyes y tradiciones van contra la voluntad de Dios que es incluyente en relaci√≥n con todas esas personas.

     ¬°Cu√°ntos ejemplos podr√≠amos poner nosotros de nuestra vida eclesial y social!

     El dinero que se nos convierte en un dios, nuestro sistema capitalista que produce pobres atentando con la voluntad de Dios, la liturgia romana que se nos anquilos√≥ desde hace siglos, de corte europeo, muchas de nuestras reglas morales y de educaci√≥n. En general, nuestra religiosidad devocionista y cultualista se opone a una religiosidad de escucha de la Palabra de Dios, y como Iglesia la seguimos promoviendo, en detrimento de la obediencia a la santa voluntad de Dios. También nuestro autoritarismo eclesi√°stico, en cu√°ntas ocasiones se opone y se ha opuesto a la santa voluntad de Dios, con su opacidad, con su ocultamiento, manipulaci√≥n de personas, sometimiento, medidas contra los m√°s elementales derechos humanos, etc., etc.

    Por eso nuestro Se√Īor nos dice también a nosotros: "¬°qué bien violan el mandamiento de Dios para conservar sus tradiciones, hip√≥critas!".

 

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