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¿QUIÉN ES EL MAYOR?
Comentario al evangelio del domingo 25º del tiempo ordinario
20 septiembre 2015
Marcos 9,30-37.
 
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     El domingo pasado escuchamos el primer anuncio de la pasión, muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo. Los discípulos reaccionaron de manera contraria ante dicho anuncio. Fue Pedro el que tomó aparte a Jesús para reprenderlo. Ahora proclamamos el segundo anuncio de la pasión ¿y cómo reaccionan los discípulos?
 
     Fijémonos en la maestría de la pedagogía de nuestro Señor.
 
     Primero el evangelista le da solemnidad a este anuncio contándonos que venían caminando y Jesús no quería que nadie se diera cuenta porque venía enseñando a sus discípulos. Es el núcleo de su mesianismo, de su vocación, de su misión que lo trae a este mundo. Las multitudes no les hubieran permitido estar a solas para esta enseñanza tan decisiva.
 
     Luego repite el evangelista este segundo anuncio, y nos comenta que los discípulos no entendían pero temían preguntarle. La comunidad evangélica de san Marcos pretende meternos en esta situación de los discípulos de falta de entendimiento profundo del camino que ha tomado el Cristo, el Mesías. No se trata de que no entendieran mentalmente sus palabras, sino que su falta de entendimiento es al nivel de la vida, del seguimiento de Cristo, es la resistencia a entrar en su camino. Y esta falta de entendimiento nos la hará ver con la consiguiente discusión que entablan entre ellos.
 
     Dice san Marcos: "Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: ¿de qué discutían por el camino?”. Por el camino Jesucristo los había escuchado discutir esta cuestión aparentemente simple, aparentemente cosa de niños. En el camino Jesús no los regañó, como haríamos nosotros cuando los hijos se vienen peleando en el carro por algún juguete o golosina que les han comprado. No. Jesús esperó a llegar a casa. Fíjense con qué maestría también del evangelista nos describe paso a paso esta escena, esta catequesis tan profunda. Nos dice san Marcos que ellos se quedaron callados. Se dieron cuenta que el motivo de la discusión no solamente era una simpleza, sino algo grave, algo que contrariaba diametralmente el camino del Maestro. Entonces sigue diciendo el evangelio: "se sentó y llamó a los doce”. No es una frase meramente redaccional, es toda una pedagogía divina. Se sentó y los llamó no sólo para que se vinieran, sino para recordarles el llamado, la vocación. Así crea el evangelista este ambiente de serenidad, de profundidad espiritual, ese clima de discipulado.
 
     ¡Y zas!, les deja caer la enseñanza tan evangélicamente profunda: "Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. Eso es precisamente lo que no entendían y temían preguntarle. Pero atendamos bien esto: no se trata de que ellos y nosotros en este tiempo no entendamos mentalmente lo que signifique ser entregado en manos de los hombres, darle muerte y resucitar. Esto desde luego que fácilmente se entiende. No es que ellos y nosotros nos pongamos a jugar ese juego de niños de a ver quién gana ser el primero. No. Lo que no entendemos y nos cuesta tanto entender tanto a los discípulos de Jesús como a todos los seres humanos en general es el camino de Jesucristo, el camino de abajamiento, el camino de la entrega.
 
     Todos los seres humanos tendemos en la dirección contraria, siempre hacia arriba, estar por encima de los demás, ser más que los demás, recibir honores, alabanzas, pretender el poder, el tener, el disfrutar. Este es el camino del mundo, no el de Jesús. Y se ve que no es fácil entenderlo y asimilarlo. La Iglesia y cada cristiano, al igual que los discípulos de aquel tiempo, tomamos con facilidad el camino del mundo, no el de Jesús. El Papa Francisco varias veces ha denunciado el carrerismo en el que se meten algunos clérigos. Sucede en la curia romana, sucede en nuestras diócesis; sucede también en nuestros grupos, en el ambiente laboral de nuestra sociedad, escolar, no se diga en el ambiente político y sindical. Estar arriba parece ser lo más humano. Jesús tomó el camino contrario, por eso lo veremos crucificado. Y éste es el camino de la salvación del mundo. ¡Qué difícil pero qué fascinante es tomar el camino del Maestro!

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