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JESUCRISTO EL PROFUNDAMENTE OBSERVADOR
Comentario al evangelio del domingo 8 de noviembre de 2015
Domingo 32º ordinario Marcos 12,38-44.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Este pasaje evangélico nos revela más de lo que leemos. Las cosas en las que ordinariamente uno no pone atención, nos hablan más de la buena noticia de Jesús. En una lectura superficial, uno pondría atención al mensaje verbal de Jesucristo: nos quedaríamos con la advertencia que nos hace sobre los escribas y con la enseñanza central sobre la pobre viuda, que ella ha dado todo lo que tenía para vivir. Y de esto sacaríamos los propósitos para nuestra vida ordinaria. Para ir más allá los invito a fijarnos en otros detalles que aparecen en este pasaje, sobre todo de la persona de Jesucristo, de su manera de ser.
    
     Jesucristo es observador de la vida de la gente, tiene una mirada crítica, profunda. No es un criticón cualquiera, es un evangelizador. Sus observaciones se convierten en enseñanzas vivas para las personas. ¿Es bueno o es malo observar la conducta de las personas? Si lo hacemos a la manera de Jesús, tendremos que decir que es bueno, porque mirando a los demás nos miramos a nosotros mismos, no para condenarlos, sino para no hacer nosotros lo que vemos que está mal en otros.
 
     Si Jesucristo critica a los escribas, es porque los conoce, porque los había observado innumerables de veces. No los critica por ser sus adversarios, sino porque quiere poner en guardia a los suyos. A los escribas les gustaba pasearse con amplios ropajes, ocupar los primeros lugares en los banquetes; y aprovechaban su religiosidad para sacar ventaja. ¿No se usa así en nuestros tiempos? Hablamos muchas veces de los predicadores no católicos que lucran con la fe de las personas, como los de la religión de la prosperidad. Pero esto también se da en nuestra Iglesia. Ponemos cara de místicos para sacar provecho personal, muchas veces ni siquiera monetario, sino sólo honores y alimento para el ego.
 
     Por eso es tan necesario reformar a nuestra Iglesia. Es Jesucristo el que no quiere que sus discípulos vayan a ser como esa clase de líderes religiosos. La Iglesia que él desea es una Iglesia más sencilla, más transparente, más libre de fanatismos. Por eso no pongan demasiada atención en los sacerdotes, en los obispos, en los líderes laicos, sino en Jesucristo. Yo no dudo que Jesucristo nuestro señor criticaría igualmente a los clérigos de hoy día.
 
     Y ya que Jesús menciona a las viudas, san Marcos nos ofrece este pasaje de la viuda pobre que contrasta fuertemente con los escribas. Jesucristo está sentado junto a los cofres de las ofrendas. Este detalle casi no nos llama la atención, por eso yo lo quiero acentuar, porque es evangelio, es buena noticia. La sola actitud de observación de Jesús es ya una gran enseñanza para nosotros. Por eso nos ofrecerá esta buena noticia de la viuda, gracias a esa actitud observadora. Está sentado seguramente junto a un muro, o en escalones. No vemos a Jesús celebrando una Misa, o predicando desde el ambón, o ejerciendo un sumo sacerdocio en los interiores del templo. Algo de eso nos habla la segunda lectura, la carta a los hebreos. No. Lo vemos como un hijo de vecino, de mirón, simple mirón. Imagínenselo ustedes así. No parece sacerdote, no parece obispo. Es una persona tan sencilla que nos cautiva, es un verdadero hombre del pueblo. Pero con una mirada muy profunda, clavada tanto en Dios como en las personas. De mirar la vida de las gentes saca Jesús su evangelio. La buena noticia está ante nuestros ojos; Jesús nos llama para que vengamos a ver lo que él está viendo. ¿Qué ve él? Ve a los ricos, ve a esta viuda pobre.
 
     Y su enseñanza verbal: no dar lo que nos sobra sino lo que nos hace falta para vivir. Jesucristo nos está diciendo que esta viuda pobre es un evangelio viviente para este mundo tan acostumbrado a dar lo que sobra. Además esta viuda es un retrato del mismo Jesucristo, porque él dará su vida entera para la salvación de la humanidad.
 
     Yo no dudo que Jesucristo nuestro señor criticaría igualmente a los clérigos de hoy día. Es lo que deberíamos entregarle a la Iglesia y a la obra de Dios: nuestras energías, nuestras capacidades, nuestro tiempo. Así, como Iglesia, tendríamos más capacidad para entregarnos a velar por las necesidades de los más desprotegidos, porque la caridad, no se nos olvide, es propiamente en lo que consiste nuestra religión católica cristiana.

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