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¿POR DÓNDE CAMINA EL ESPIRITU?
Comentario al evangelio del domingo 10 de enero de 2016
El bautismo del Señor
Lucas 3,15-16 y 21-22.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
     Del portal de Belén nos pasamos en una semana al río Jordán, a donde acude Jesús a bautizarse. Nosotros bautizamos a nuestros niños a los pocos meses de nacidos. Los judíos no bautizaban, ni chicos ni grandes. Por esa razón José y María no llevaron al niño a bautizar con los sacerdotes del templo de Jerusalén. Lo que hicieron con él fue circuncidarlo a los ocho días de nacido, como lo podemos leer en Lucas 2,21, y a los cuarenta días se lo ofrecieron al Señor, ahí sí en el templo. Lo leemos en Lucas 2,22.

     Esto del bautismo no era una ceremonia de la oficialidad judía. Juan era hijo de un sacerdote, estaba por eso facultado para oficiar en el templo de Jerusalén, pero por el llamado de Dios (vean Lucas 3,2) se fue al desierto, y del desierto, al Jordán, a trabajar en una obra marginal, al margen de los oficios de la religión judía. Es bello ver que en esa marginalidad religiosa se hace presente el Hijo de Dios hecho hombre, hecho pueblo, solidario con los que tienen conciencia de ser pecadores. Y como lo decimos cada vez, y no nos cansamos de insistir: ahí se hacen presentes también el Padre eterno con esa voz que resuena desde el cielo, y también el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma.

     ¿Qué significa este comienzo del ministerio pastoral de Jesús? Es un rompimiento de la santísima Trinidad con la manera como se viene ejerciendo y viviendo la relación o religión con Dios. Eso lo hará ver palpable y conflictivamente Jesucristo a lo largo de los santos evangelios: el templo no es el que salva, los actos religiosos se han quedado en la esterilidad, la misma ley de Moisés se ha vuelto opresora implacable contra los desechados de la sociedad judía, y los sacerdotes y los notables del pueblo eran sus operadores.

     Jesucristo es la novedad de Dios, por eso acude al Jordán a evidenciar que el camino del Espíritu está al lado del pueblo. Jesucristo mismo se hizo pueblo en medio del pueblo para ser salvación a partir del pueblo: las gentes sencillas, ignorantes, pobres, enfermos, pecadores, extranjeros, impuros, etc.

     Por eso hoy nuestra Iglesia debe dejar el templo como su lugar principal de acción y salir a las gentes, como nos invita reiteradamente el Papa Francisco. Por eso los cristianos debemos dejar a un lado nuestras estructuras caducas y dejarnos conducir por el Espíritu, más allá de los caminos y procederes que ya nos sabíamos y que nos daban seguridad.

 

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