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APRENDAMOS DE JESÚS A LEER A PROFUNIDAD LOS ACONTECIMIENTOS
Comentario al evangelio del domingo 28 de febrero de 2016
3º cuaresma
Lucas 13,1-9
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Nuestro señor Jesucristo sabe leer los acontecimientos con más profundidad. Hoy día no leería o escucharía los diarios, el radio, la tele o internet como lo hacemos nosotros. Por eso puede motivarnos a cambiar las cosas, no sólo en esta cuaresma sino en toda nuestra vida, porque de lo contrario nos estaremos destruyendo, a nosotros como humanidad y a nuestro mundo.
 
     Un poco antes de este pasaje evangélico, Jesucristo había regañado a la gente de su tiempo porque sabían leer las señales para pronosticar el clima, y en cambio no sabían interpretar las señales del tiempo que estaban viviendo. Lo dice así: "Cuando ven ustedes una nube que se levanta en el occidente, al momento dicen: ‘Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el sur, dicen: ‘Viene bochorno’, y así sucede. ¡Hipócritas! Saben explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploran, pues, este tiempo?” (Lucas 12,54-56).
 
     Él sí está atento a las señales y nos da ejemplo. En otro lugar de este evangelio denunciará el autoritarismo con que se conducen los jefes de naciones y pueblos (ver Lucas 22,25). Es cierto que Pilato era un desalmado, que se sentía dueño de cosas y personas, pero en esta ocasión en que le traen la noticia, no insiste Jesús en esa denuncia sino más bien en el provecho espiritual y salvífico de esos acontecimientos: aprovechen esas cosas para tomar conciencia de la necesidad de la conversión y de la transformación profunda del ser humano en lo individual y en lo colectivo. Eso es lo que hacen muchos actores sociales a favor de la ecología, de la justicia, de los derechos humanos: nos advierte el Maestro que si no cambiamos el actual proceder de los seres humanos, especialmente de gobernantes y dueños de la economía, estaremos en riesgo de destruirnos a nosotros mismos.
 
     Nosotros vemos aún más allá de muchas señales. Con mirada cristiana decimos que esas señales para la gente de su tiempo y de todos los tiempos, son el comportamiento de Jesús, sus enseñanzas, sus milagros, la obra de salvación que él estaba realizando para liberar al pueblo, al de su tiempo y a la humanidad de todos los tiempos. Pero lamentablemente muchas gentes se quedaron en la luna, embobados en otras cosas por carecer de discernimiento.
 
     ¿Cuáles serían las señales de nuestro tiempo, de nuestro siglo XXI a las que debemos ponerles atención porque por ahí pasa Dios en su visita? Yo les menciono varias pero son desde luego muchas más: la marginación en que vive la mayoría de la población y la lucha de muchos por transformar de raíz nuestros sistemas económicos, la desintegración personal, familiar y social, la promoción y defensa de los derechos humanos, la reivindicación de la mujer (en los versículos que siguen, san Lucas nos habla de la liberación de la mujer, en el milagro obrado en una mujer que estaba encorvada, que no podía enderezarse); los movimientos sociales obreros y campesinos, el despertar de las culturas indígenas, los primeros pasos en nuestra naciente democracia, el cambio climático o calentamiento global, el despertar del pueblo ante el ejercicio autoritario del poder político y eclesiástico, la reacción social ante toda clase de autoritarismos; la visita del Papa Francisco a nuestro país con sus llamadas de atención sobre la realidad de la familia contemporánea, los descartables de nuestra sociedad, sus llamados a ser una Iglesia pobre y para los pobres… también es señal la era electrónica y cibernética, la rapidez y amplitud de nuestras actuales comunicaciones.
 
     La pregunta que nos haría Jesucristo es: ¿cómo asumimos todas esas señales desde nuestra fe? ¿Caminamos hacia atrás o estamos primereando en esos terrenos? Los discípulos de Jesús no podemos crear una Iglesia que sigue dando respuestas a los tiempos pasados. Mal haríamos con permanecer en la edad media con nuestra liturgia, nuestra reflexión teológica, nuestra disciplina misógina y elitista.
 
     Jesucristo nos enseña hoy a saber leer las señales de nuestro tiempo con esos dos acontecimientos que se mencionan en el evangelio, la ejecución de los galileos por parte del poder de Pilato, y la muerte de aquellos dieciocho que aplastó la torre de Siloé. Jesucristo no recibe ambas noticias con lloriqueos hipócritas, él nos enseña a vivirlas como fuertes invitaciones a la conversión, que es la nota que domina este tiempo de cuaresma. No debemos entender la invitación a la conversión como un mero propósito de portarnos bien, de ya no decir malas palabras o tener malos pensamientos, como si sólo se tratara de ya no tener esos pleitecillos de todos los días.
 
     La conversión la hemos de entender y vivir como un cambio profundo y progresivo de nuestras vidas a nivel personal y social, conversión de nuestra humanidad, es decir, seguir dando pasos hacia adelante, creyentes y no creyentes como sociedad y como Iglesia.
 
     Dios busca siempre la conversión de los seres humanos, tanto a nivel individual como social, porque quiere el bien de todos. Seguir como estamos no es un bien, no es salvación, no es la felicidad a la que él nos convoca..

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