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EL BUEN PASTOR Y LOS MALOS PASTORES DEL PUEBLO
Comentario al evangelio del domingo 17 de abril de 2016
4º de pascua
Juan 10,27-30.
 
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Todo el capítulo 10 de san Juan es la respuesta polémica de Jesucristo ante la reacción de los judíos porque él había sanado en sábado a un ciego de nacimiento. No sólo le había devuelto la vista, sino además le había abierto la mente, lo había hecho un ser pensante y crítico, libre, así como quiere Dios que seamos todos los creyentes, le había dado el sentido común que no es tan común entre los seres humanos, este ciego había recuperado su palabra y su dignidad, y sobre todo Jesús le había abierto el corazón para hacer de él un verdadero creyente y un seguidor suyo.
 
     La respuesta polémica de Cristo son unas comparaciones o parábolas que nos pueden y deben parecer muy tiernas: la parábola de la puerta, la parábola del buen pastor. Jesús es el buen pastor, el que da la vida por las ovejas, el que las ama, el que las conduce a los buenos pastos de la vida, a las aguas de la salvación. El buen pastor no está para apalear a las ovejas, ni siquiera cuando culpablemente se extravían. El buen pastor sale a buscarlas y, como leemos en otros pasajes de los santos evangelios, cuando las encuentra se alegra sobre manera.
 
     Jesucristo no se queda en eso, pasa a hacer comparaciones con los líderes judíos del pueblo:
     "El que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador” (v. 1).
     "Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les han escuchado” (v. 8).
     "El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir” (v. 10).
     "El asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas” (v. 12-13).
    
     Estas palabras de denuncia ante los que supuestamente están para conducir al pueblo a la vida, se aplican a los líderes de hoy día, ya sea políticos, económicos o eclesiásticos.
 
     Todos estamos llamados a seguir el ejemplo de Jesús, y la sociedad ya se lo exige a sus líderes, a los que deben servir al pueblo, a los que se apacientan a sí mismos. No se diga que estas palabras deben ser una llamada de atención fuerte y constante para los que tenemos algún ministerio pastoral al servicio del pueblo, especialmente los clérigos, pero también los laicos, hasta los padres y madres de familia.
 
     ¿Qué dice Jesús de sí mismo en este capítulo 10?
     "El que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (v. 2-4).
     "Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto” (v. 9).
     "Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas” (v. 10).
     "Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas” (v. 14).
     "También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor” (v. 16).
     "Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas mi siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano” (v. 27-28).
 
     Leyendo los santos evangelios no podemos menos que estar de acuerdo con Jesús. Él no viene por interés propio, su único interés son las ovejas, especialmente las más débiles.
 
     Jesucristo está hablando de una relación estrecha entre él y sus discípulos, entre él y los católicos, diremos ahora. La realidad religiosa que estamos viviendo hoy día, es decir, la manera de ser Iglesia, nuestra muy propia religiosidad católica, dista mucho de ser lo que Jesús quiere. Él quiere que los católicos escuchemos su voz, que estudiemos su palabra en los santos evangelios, que nos dejemos conducir en la vida por esa palabra que estudiamos, que le pertenezcamos a él, que estemos en creciente conocimiento de su persona, que nos abramos a su amor, que lo sintamos palpablemente.
 
     Una relación distante, una religión de indiferencia, una religiosidad meramente nominal, eso no es lo que quiere Jesús, porque a fin de cuentas eso no nos sirve de nada.
 
     En este día la Iglesia, a nivel universal se une en oración por las vocaciones, tanto sacerdotales como a la vida religiosa, como también a los ministerios laicales. En su mensaje para este año con ese motivo, nos dice el Papa Francisco: "Cómo desearía que, a lo largo del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, todos los bautizados pudieran experimentar el gozo de pertenecer a la Iglesia. Ojalá puedan redescubrir que la vocación cristiana, así como las vocaciones particulares, nacen en el seno del Pueblo de Dios y son dones de la divina misericordia. La Iglesia es la casa de la misericordia y la «tierra» donde la vocación germina, crece y da fruto”.
 
     La comunidad social y eclesial necesita muchos buenos servidores que la vayan conduciendo a los buenos pastos de la vida y a las fuentes de la salvación: sacerdotes, catequistas, coordinadores de grupos juveniles, ministros de los enfermos y de los más necesitados. Pero también esta sociedad necesita buenos padres y madres de familia, buenos y desprendidos gobernantes, honestos; buenos maestros y maestras, doctores y enfermeros, buenos profesionistas, etc. Pidamos al Padre, al dueño de los campos, al dueño del rebaño, que envíe buenos trabajadores para sus campos.

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