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EL CRITERIO DE VERDAD DEL AMOR A JESÚS
Comentario al evangelio del domingo 1 de mayo de 2016
6º de pascua
Juan 14,23-29.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     El domingo pasado y éste, la Iglesia nos ha hecho volver a la última cena que celebró Jesús con sus discípulos y que continúa celebrando con nosotros, porque él está vivo, presente, actuante, en la Iglesia y en el mundo. Nosotros continuamos acogiendo su Palabra como una novedad, porque cada día esa Palabra nos dice cosas nuevas, porque continúa iluminando nuestra vida, nuestro caminar, y la presencia del Resucitado entre nosotros.

     El evangelio según san Juan dedica varios capítulos a las enseñanzas que Jesucristo nos brindó en el ambiente de la última cena, unas horas antes de entregar su vida en la cruz. Ahora en el capítulo 14 nos dice algo sumamente importante.

     Primero se refiere con toda claridad a la relación que él quiere establecer entre Maestro y discípulos: es una relación de amor. Los verdaderos discípulos amamos a Jesús. No sólo lo admiramos, no sólo lo reconocemos como el Hijo de Dios, pero un Dios que podría ser un Dios alejado de nuestras vidas. Entre él y nosotros hay esa fuerza interior que se llama amor. No debemos suponer que porque ya somos católicos desde nuestro bautismo, ya por eso amamos a Jesús. No. Es necesario revisar nuestro corazón, escudriñar en sus entrañas nuestros verdaderos sentimientos. Incluso confrontar el amor a Jesús con los otros amores que encontramos en el fondo de nuestro corazón. Porque la verdad es que los seres humanos tenemos muchos amores o inclinaciones. Amamos el dinero, algún entretenimiento, amamos, como Jesús nos lo manda, a las personas, amamos las cosas materiales. Qué bueno que amemos a este mundo, porque es creación de Dios. Pero tenemos que revisar si Jesucristo es el amor de los amores, el amor que centraliza todos nuestros demás amores, el que le da sentido a toda nuestra vida. Jesucristo entra en la categoría de Dios, no es meramente nuestro prójimo, si nos referimos al mandamiento más importante. A él lo debemos amar con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas nuestras fuerzas. Es Jesús mismo en este pasaje evangélico el que introduce al Padre eterno como el origen y el destinatario de nuestro amor.

     Y segundo, Jesucristo nos conoce y sabe que nos podemos engolosinar falsamente con la palabra amor, como lo hacemos en nuestra vida ordinaria, con las personas con las que nos relacionamos día a día. Con qué facilidad decimos amar a personas sólo porque es fácil decir que las amamos. El esposo se lo dice a la esposa y viceversa, cuando en realidad tiene otros amores más fuertes por otro lado, me refiero a sus amigos o amigas con quienes se la pasa más feliz. Los hijos, ahora para el día de la madre, vamos a decir que amamos a nuestra mamá, cuando en realidad la tenemos abandonada todo el año. Si así amamos a Jesús, pues por eso él agrega a renglón seguido, para que no nos engañemos a nosotros mismos: "el que me ama, cumplirá mi palabra”.

     El cumplir, el vivir la palabra de Jesús es la prueba de verdad de nuestro amor hacia él. ¿Qué decir de los católicos que conocen muy poco los santos evangelios? ¿Cómo pueden cumplir la palabra de Jesús si ni siquiera la conocen? Nosotros afirmamos categóricamente que ama más a Jesús quien estudia los santos evangelios y se deja hacer en su vida por ellos, que la persona que tiene una o varias imágenes de Jesús y las venera con rezos, devociones y besos.

     Igualmente hay que decir: no es necesariamente un amor verdadero por Jesús el que vive la religión, la liturgia, las leyes de la Iglesia, la reflexión teológica, etc.

     Ama verdaderamente a Jesús quien trata de vivir la vida de Jesús.

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