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¡QUÉ FASCINANTE ES JESÚS!
Comentario al evangelio del domingo 12 de junio de 2016
11º ordinario
Lucas 7,36 – 8,3.
 
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Dice el apóstol san Pablo, en la segunda lectura, que ya no es él el que vive sino Cristo el que vive en él. Pues ése es el trabajo que tenemos que hacer en cada uno de nosotros, que Cristo sea el que viva en cada uno. ¿Cuál Cristo? El Cristo de los evangelios, el fantástico Cristo que contemplamos hoy en este pasaje evangélico. Un Cristo que es invitado a comer en casa de un fariseo, donde se encuentran otros fariseos, gente religiosamente muy correcta. Jesucristo se juntaba con pecadores y publicanos pero no tiene reparos en acudir a casa de fariseos. Nos parece extraño que el fariseo lo haya invitado. Lo que no nos parece extraño es que Jesús haya acudido. En cualquier lugar él aprovecha para evangelizar a todo mundo. El evangelio del Reino no es un discurso, aunque sí cuenta con enseñanzas verbales, el evangelio es una Persona, y esa persona no necesita hablar mucho sino vivir como sólo él sabe vivir la vida humana, manifestar a Dios Padre en toda esa corporalidad. Este pasaje evangélico merece ser contemplado en cada uno de sus detalles.
 
     Se acerca una mujer de mala vida. Para entender mejor este pasaje evangélico habría que situarnos en aquel tiempo, en aquella cultura y religiosidad que consideraba a las mujeres como muy poca cosa, como ocasiones de pecado para los hombres. Algo de eso tenemos todavía en estos tiempos modernos. No se pensaba que la prostitución fuera pecado de los hombres que la buscaban, sino de las mujeres que se sometían a ella. En aquel tiempo no se tomaban en cuenta los atenuantes de la necesidad de las mujeres, el hecho de que no se pudieran valer por sí mismas, que no podían trabajar si estaban solas y desamparadas. Sólo se tomaba en cuenta el comportamiento sexual.
 
     Esta mujer tuvo un atrevimiento muy grande al entrar en esta casa, pero en ese momento, en su corazón, no era la comida de un fariseo sino de Jesús. Si Jesús estaba ahí, la mesa era de él. Debemos recordar que los judíos de aquel tiempo no se sentaban a la mesa como nosotros, sino que se recostaban en almohadones, de manera que los pies no los metían debajo de la mesa, sino que los extendían hacia atrás. Así es mejor imaginarse cómo pudo aquella mujer apropiarse de esos pies benditos. Simón y sus compañeros pensaban en su interior que Jesús estaba enseñando el cobre al dejarse tocar por esta mujer, y sobre todo de esta manera. Pero es todo lo contrario. Jesucristo es un verdadero profeta de Dios, porque Dios quiere salir al encuentro de los pecadores, de los dañados, de los descartados, como usa en decir ahora el papa Francisco. Y Jesús está feliz en ese momento no tanto por las atenciones que está recibiendo sino porque este momento le está brindando la oportunidad de evangelizar a aquellas gentes y a todas las generaciones venideras. Entre Simón el fariseo y la mujer de mala vida, Jesucristo hace su opción por esta mujer. ¿Por qué? Porque esta mujer demuestra más amor personal, más vida, menos religiosidad, menos moralismo, más salvación.
 
     Contemplando esta imagen evangélica de Jesucristo, ¿nos podemos imaginar nosotros a un clérigo de hoy día portándose como Jesucristo? Los sacerdotes nos dedicamos al culto, a las "cosas santas”, no damos oportunidad de que los pecadores se nos acerquen (a no ser los que se confiesan cada rato), menos mujeres de mala vida, de la delincuencia o del crimen organizado. No hay sacerdote, que frente a personas distinguidas, se permita recibir tanto afecto de una mujer. Jesucristo es tan distinto a nosotros. Estamos llamados a ser como él, a dejar que él viva en nosotros.
 
     (Repasar cada momento de esta escena fascinante: + Jesús es invitado a comer a casa de un fariseo y acepta. + Permite que esta mujer llore sobre sus pies y los bese. + Sabe leer las críticas que se vuelven sobre él. + Es claridoso en su respuesta a estas críticas, no critica él por debajo sino de frente. + Se dirige a la mujer y la declara perdonada. + No se detiene ante lo que dicen). Jesucristo nos está diciendo además que todos somos pecadores, que todos debemos acercarnos a Dios como esta mujer para llorar nuestros pecados, que no nos es lícito disfrazar nuestros pecados con religiosidad, porque la religiosidad puede ser una cáscara muy exterior y los pecados o la conversión brotan de lo más profundo del corazón. Los cristianos queremos entrar en el espíritu de Jesús más allá de las palabras: "Tus pecados te han quedado perdonados”, "Tu fe te ha salvado; vete en paz”. La mujer no había ido a confesarse como nosotros acostumbramos, de manera superficial. Jesús no le dio la absolución según nuestros rituales. Nosotros vemos que Jesús recoge lo que se ha caído, lo levanta, lo recrea, los transforma, transforma nuestra mentalidad y estructura religiosa y social. ‘Para todos tú eres un pecador o pecadora, pero yo te tomo y te hago nuevo o nueva’.
 
     Para remarcar que se trata de una buena noticia feminista, san Lucas pasa a relatarnos que las mujeres eran seguidoras de Jesús. Los maestros de aquel tiempo no aceptaban discípulas, porque se pensaba que una mujer era incapaz de aprender. Lo de la prostituta es una imagen que nos traslada a la consideración que se tenía de las mujeres.
 
     Debemos reconocer que nuestra Iglesia se está quedando muy corta en este renglón, en el que deberíamos ser pioneros. Por lo pronto, el papa Francisco ha elevado la conmemoración de Santa María Magdalena a categoría de fiesta por ser ella la apóstol privilegiada de la resurrección de Jesús. La celebramos el 22 de julio. No la confundamos con la mujer de Lucas 7. Son dos mujeres distintas, y ambas muy bellas y muy grandes.

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