Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     




JESUCRISTO NOS LLAMA A UN CAMBIO PROFUNDO

Domingo 23 de marzo de 2025, 3° cuaresma - C

Lucas 13,1-9.

Carlos Pérez B., Pbro.

 

Hemos escuchado en el evangelio, que unos hombres se acercaron a Jesús para comentarle una mala noticia: Pilato había mandado ejecutar a unos galileos que estaban ofreciendo sacrificios, y que su sangre la había mezclado con la sangre de los animales sacrificados (así lo leemos en la Biblia; una doble afrenta que, como ahora, realizan las gentes del poder y del crimen organizado). Por su parte, Jesucristo les recuerda la desgracia que sufrieron 18 hombres aplastados por el derrumbe de una torre. También estas cosas suceden ahora.

Jesucristo hace una lectura breve de ambos acontecimientos. Nos enseña, primero, a leer los acontecimientos a la luz de nuestra fe. No pueden ser cosas ajenas a nuestra religiosidad. Así lo vemos con los desaparecidos y ejecutados de hoy día, así como las víctimas de las guerras, y tantas cosas que desgraciadamente suceden entre nosotros. Y la lectura que Jesús hace de estas desgracias es que son una llamada a la conversión. Muchas veces nos encontramos con personas que, ante una desgracia, se quedan pensando si eso es consecuencia de algún pecado que cometieron, ellos o sus familias, una especie de castigo de Dios. Hay que acercarnos a estas personas, que podemos ser nosotros mismos también, para ayudarles a superar esa sensación o sentimiento. La respuesta de Jesús es muy clara: "Ciertamente que no”, nos dice en ambos casos. Por eso es tan importante que todos los católicos estudiemos cotidianamente los santos evangelios, para que escuchemos a Jesús, para que sea él el que nos ilumine, el que nos fortalezca en tantos momentos parecidos, para que sea él el que nos saque de dudas, para que alimente nuestra espiritualidad.

Pero eso sí, todas las cosas que suceden en este tiempo, alejadas de nosotros o cercanas, debemos acogerlas como una llamada de Dios a la conversión. Por ejemplo la guerra en tantos puntos de nuestro planeta, la escena del campo de exterminio en un rancho de Jalisco y tantas fosas clandestinas encontradas, las marchas de tantas personas que reclaman la aparición de sus desaparecidos, los accidentes, la falta de lluvia, el desempleo, las injusticias que sufren tantos y tantos, etc. No vayamos a pensar: ‘si a mí no me ha pasado nada, es que soy inocente’. No es así. Todo lo que sucede es un llamado al cambio de vida, al cambio de nuestro mundo, al cambio de nuestras relaciones sociales, de la injusticia de nuestra economía, de la falta del cultivo en los más altos valores en que hemos descuidado a las nuevas generaciones. Todos tenemos que cambiar en conjunto, y cada quien en lo personal.

Para continuar con su invitación a la conversión, Jesucristo nos ofrece la parábola de la higuera: el dueño del viñedo le dijo al trabajador que la cortara porque tenía tres años buscando higos en ella y no los había encontrado. Sabemos que los que tienen huertas cortan los árboles que no producen fruto para plantar otros que sí produzcan, porque no tiene caso que ocupen el terreno inútilmente, eso les resta ganancias.

Pues a nuestro Señor no le preocupan más los árboles que las personas. En esta cuaresma hemos de revisarnos todos los católicos: ¿qué frutos estoy dando para Dios y para mis hermanos, en la comunidad, en la sociedad y en la Iglesia? Los que escuchamos esta parábola, hagámosela llegar a todos. Nos hace mucha falta hacer esto en nuestra Iglesia, difundir las enseñanzas de Jesús. Jesucristo quiere que seamos cristianas y cristianos que produzcamos fruto, que no seamos estériles, que no estemos ocupando inútilmente un lugar en este mundo. Cada quien, dentro de sus posibilidades, ha de poner su vida al servicio de la salvación de la humanidad: los enfermos desde su enfermedad, los discapacitados desde su discapacidad, los bebés y los niños desde su infancia, los jóvenes, los adultos, los viejos desde sus achaques, etc. Que ningún creyente ni ser humano en general viva su vida sin ser de provecho para los demás. Dios nos está dando oportunidad (¿un año?, ¿varios años?) para que cambiemos, por eso estamos todavía aquí en este mundo.

Contemplemos a Jesús, el Hijo de Dios, qué vida tan fructífera, desde su pobreza, desde su humildad, desde su cruz. Se puso enteramente al servicio de la salvación del Padre para nuestro mundo.


 

Copyright © 2025 www.iglesiaenchihuahua.org by xnet.com.mx
Mapa del Sitio | acceso |