CRISTIANOS E IGLESIA PARA EL MUNDO
Domingo 5° ordinario, 8 de febrero de 2026
Isaías 58,7-10; Salmo 112 (111);
1 Corintios 2,1-5 y 17; Mateo 5,13-16.
Mateo 5,13-16.-
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la
tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no
sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida
en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de
una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de
la casa.
Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que
viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en
los cielos”.
Un comentario. -
Dios
nuestro Padre nos reúne por su Santo Espíritu, como familia suya en torno a la
mesa de su Hijo Jesucristo. Nosotros acogemos sus enseñanzas como nuestro
Maestro. En el sermón de la montaña, que estamos repasando estos domingos, nos
va instruyendo sobre cómo quiere que seamos sus discípulos, y cómo quiere que
sea su Iglesia, luz y sal para el mundo.
Con estas
palabras lo escuchamos de sus labios: "ustedes son la sal de la tierra… ustedes
son la luz del mundo”. Notemos que no nos dice que seremos o llegaremos a
ser, o que debemos ser, sino que somos. Es más bien una declaratoria. Esos son
los cristianos y cristianas que Jesucristo quiere, ésa es la Iglesia que
Jesucristo quiere, una Iglesia que le dé sabor de salvación a este pobre mundo
tan quebrantado, y que ilumine con la luz, la Palabra y la Persona entera de
Jesucristo, a este mundo.
Pero veamos. ¿Cuál es la Iglesia que resplandece como una luz
y sal en medio del mundo? ¿La de los bellos templos y esplendorosas ceremonias,
con sus elegantes vestiduras y buenos modales? ¿La Iglesia de sus hermosos
discursos e ininteligibles teologías? No. ¿El cristiano que se encierra en su
intimidad religiosa y no quiere salir de ahí? ¿Una iglesia autista, encerrada
en sí misma, engolosinada consigo misma? Claro que no.
La Iglesia luminosa es la que visita a los enfermos, la que se
compromete con los campesinos, los indígenas, los migrantes; la Iglesia que
vive la caridad y la misericordia como lo expresa Jesús en sus
bienaventuranzas, y como lo vive con toda su persona según lo encontramos expresado
en los santos evangelios. La Iglesia incluyente, como vivió el mismo Jesús y lo
vemos en los santos evangelios, el que sale al encuentro de los pobres, los
pecadores, los marginados.
Esto es lo que nos dice hoy la Palabra de Dios: "Comparte tu pan con el hambriento, abre tu casa al pobre sin techo,
viste al desnudo y no des la espalda a tu propio hermano. Entonces surgirá tu
luz como la aurora”
(1ª lectura). "Quien es justo, clemente y
compasivo, como una 1uz en las tinieblas brilla” (Salmo 112). "Cuando llegué a la ciudad de ustedes para
anunciarles el Evangelio, no busqué hacerlo mediante la elocuencia del lenguaje
o la sabiduría humana, sino que resolví no hablarles
sino de Jesucristo, más aún, de Jesucristo crucificado. Me presenté ante ustedes débil y temblando de miedo. Cuando les hablé y
les prediqué el Evangelio, no quise convencerlos con palabras de hombre sabio” (2ª lectura).
Para entender las palabras de Jesús con
más profundidad, es necesario que retomemos una a una sus bienaventuranzas que
escuchamos el domingo pasado y que les repaso brevemente hoy: "felices los pobres en el espíritu”. Un
cristiano-a que vive la pobreza en el espíritu (en el Espíritu, con mayúscula),
es una luz resplandeciente para este mundo tan materialista y consumista. Lo
mismo tenemos que decir de cada una de nuestras comunidades eclesiales que se
atreven a manifestar con su vida esta bienaventuranza, y desde luego de nuestra
Iglesia, si vive la pobreza espiritual para ser servidora del mundo, como lo
vemos en la persona de Jesús.
"Felices los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de
justicia, los que trabajan por la paz, los misericordiosos, los limpios de
corazón”. ¿Acaso no
es esta luz y este sabor lo que necesita nuestro mundo?
La Iglesia más resplandeciente y
comunicadora de sabor no es la de los altos dignatarios, sino la de los
gloriosos mártires, los felices según la última bienaventuranza que escuchamos
el domingo pasado: "bienaventurados los
perseguidos por causa de la justicia… felices serán ustedes cuando los
persigan… alégrense y salten de contento”. Empecemos por referirnos al
mismo Jesucristo Crucificado, y, después de él, una larga lista de cristianos y
cristianas que han entregado su vida por la obra de Dios que es la salvación
del mundo. Precisamente estamos a tres días de recordar el martirio glorioso del
p. Maldonado. Si nosotros no tenemos la gracia de ser llamados al martirio
violento, por lo menos entreguemos día a día nuestra vida al servicio de la
obra de Dios en nuestros hermanos. La palabra ‘martirio’, en griego, significa
‘testimonio’.
Su
hermano: Carlos Pérez
B., Pbro.