JESUCRISTO ENTREGA SU VIDA POR EL REINO
Domingo de Ramos, 29 de marzo de 2026
Un comentario. -
La
Palabra que hemos escuchado es abundante y muy rica. Les recomiendo que la lean
en su lectura personal, aprovechando estos días de la semana santa. Primero
está Mateo 21: la entrada de Jesús a Jerusalén, acompañado de su gente desde
Galilea. La primera lectura es el tercer cántico del Siervo de Yahveh, en
Isaías 50. Esta semana repasaremos los cuatro cánticos del Siervo: el primer
cántico, el lunes; el segundo cántico, el martes; el tercer cántico, hoy
domingo y el miércoles santo; el cuarto cántico, el viernes santo. El salmo
responsorial de hoy fue el salmo que comenzó recitar Jesús ya crucificado,
según san Mateo y Marcos: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” La
segunda lectura es uno de los tres himnos cristológicos de san Pablo. El de
ahora es Filipenses 2. Y la pasión son casi dos capítulos del evangelio según
san Mateo. No hay espacio para comentar toda la Palabra proclamada y escuchada.
Yo
sólo quiero acentuar esto:
Sobre
la pasión, muerte y resurrección de Jesús se pueden hacer varias lecturas, como
también de todo su ministerio y de su vida encarnada, todas muy legítimas. Por
ejemplo, san Pablo, en sus cartas, hace su propia lectura de la pascua de
Cristo, así como la carta a los Hebreos, o el Apocalipsis; también los santos
padres, los primeros siglos del cristianismo, o la Iglesia medieval, y no se
diga nuestra Iglesia, en estos tiempos modernos, el magisterio, los pensadores
actuales, la teología de la liberación. Pero lo necesario, es ir a las raíces,
a los santos evangelios. ¿Cómo nos presentan éstos el ministerio y la entrega
de la vida de nuestro Señor?
Jesucristo
vino a este mundo con una misión encomendada por Dios nuestro Padre: el inicio
y establecimiento de su Reino. Repasemos los santos evangelios y constatemos
cómo insiste nuestro Señor en esa encomienda: "comenzó Jesús a predicar y
decir: Conviértanse, porque el Reino de los Cielos ha llegado” (Mateo (SBJ) 4,17). Con
esta clave hay que leer toda la labor de Jesús: su predicación, sus parábolas,
sus milagros, sus encuentros con las multitudes, sus conflictos, su pasión y
crucifixión, su resurrección. La voluntad del Padre es la construcción de un
reino de paz, de amor, de justicia, de fraternidad universal. En otras
palabras, la edificación de un mundo nuevo, de una humanidad nueva, como Dios,
desde el principio de la creación lo ha querido. Jesucristo predicó y vivió e
hizo vivir a aquellas gentes ese Reino, de manera inicial y entusiasta: ahí
están sus milagros, sus parábolas: qué bellas experiencias anticipadas del
Reino vividas entre los pobres, los pecadores, los excluídos.
Si ésta ha sido la voluntad
del Padre, el Hijo la ha vivió con todas sus consecuencias. Se entregó
plenamente a transformar su entorno como un signo de lo que Dios quiere
universalmente. Los seres humanos, de muy diversas maneras a lo largo de los
siglos, nos hemos opuesto a los planes de Dios. Así lo tuvo que vivir y sufrir
nuestro Señor Jesucristo. La pasión y la muerte en cruz, como lo hemos
escuchado en estos dos capítulos del evangelio, fue la consecuencia de esta
firme decisión de cumplir con el proyecto del reino del Padre, como salvación
para todos los seres humanos.
Así como lo vivió
Jesucristo, con toda su persona, lo hemos de vivir todos nosotros, sus
discípulos. Jesucristo nos invitó a colaborar en ese proyecto con esta palabra:
Síganme.
Su
hermano: Carlos Pérez
B., Pbro.