Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     





LOS QUE VERDADERAMENTE AMAN A JESÚS

Domingo 6° de pascua, 10 de mayo de 2026

Juan 14,15-21.-

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les enviará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes.

No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes.

El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

 

Comentario. -

Qué felicidad celebrar y recordar a nuestras mamás, vivas y difuntas, sanas y enfermas. Qué felicidad celebrar la maternidad (paternidad) de Dios, origen y fuente permanente de toda maternidad.

El pasaje evangélico de hoy, como el del domingo pasado, se da en el contexto de la última cena de Jesús. Para nuestro Señor, la celebración de la nueva pascua (ya no la pascua judía) se realiza de manera más que vivencial. No es una celebración recitada de memoria, con el misal romano de por medio. Los cuatro evangelios nos relatan cosas muy diversas que sucedieron en esa cena, una verdadera cena. Es plenamente una cena de familia, de fraternidad, como la había establecido Moisés en los tiempos del Éxodo: "por familia… Y si la familia fuese demasiado reducida para una res de ganado menor, traerá al vecino más cercano a su casa, según el número de personas y conforme a lo que cada cual pueda comer” (Éxodo 12,3). Así estaba Jesús con sus discípulos como una familia espiritual. Así nos invita él a sentarnos a su cena de la vida, de la entrega de la vida por la salvación del mundo.

No leemos meramente un relato, sino que estamos sentados a su mesa escuchando las palabras de un Resucitado, uno que continúa vivo y nos sigue enseñando, instruyendo, dirigiéndonos, amándonos. Así lo escuchamos: "Si me aman, cumplirán mis mandamientos”. Cómo es necesario hacer llegar estas palabras a todos nuestros católicos, a todos los seres humanos, porque los mandamientos de Jesús no son órdenes autoritarias, sino mandamientos o caminos de vida, de vida plena, de vida eterna. Sí, para este mundo que se bate en la muerte (como los cerditos se baten en el lodo. ¿Exagero?).

La religión de Jesús es una relación de amor. No se puede ser cristiano sin amarlo. Pero, ¡ojo!, no hablemos de amor como lo hace el mundo. Qué frase tan trillada como vacía usa nuestra sociedad: ‘te amo’, ‘te amamos’. Lo escuchamos en la tele, lo leemos en las redes sociales, personas que hoy se dicen que se aman y al día siguiente se pelean y hasta llegan a odiarse; o frase tan vacía que brota de la real indiferencia hacia el otro, pero que se repite con tanta facilidad. ¿Apoco no hay esposos o hijos que les dicen a sus mamás: te amo? Cuando la realidad es el abandono. Sólo este día te amo y los demás 364 del año no me acuerdo de ti.

Jesucristo es muy sabio, por eso nos ofrece el recurso de verificación de nuestro amor, y dos veces los escuchamos en este breve pasaje: "El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama”. A nosotros y a todos los católicos hay que hacerles llegar estas palabras. No vivas en la falsa ilusión de que amas a Jesús sólo porque dices creer en él, o porque besas alguna imagen suya, o porque lo adoras ante su Sacramento. Para que no te engañes a ti mismo o a la Iglesia, porque a Jesús no lo engañas, revisa tu conocimiento de los mandamientos de Jesús. Hagamos una lista de los que recordemos. Ahí nos daremos cuenta de nuestros hábitos de lectura de los santos evangelios, de escucha viva de las enseñanzas de Jesús. ¿Escuchamos a Jesús cada día en los santos evangelios? ¿O sólo repites que lo único que nos pide Jesús es que nos portemos bien?

Tan sólo en esta cena nos manda Jesús que nos lavemos los pies los unos a los otros (13,14), que nos hagamos servidores los unos de los otros; que nos amemos unos a otros como él nos ha amado, al grado de entregar la vida por los amigos (13,34 y 15,13); y, en otros lugares evangélicos, nos manda amar a los enemigos, corregirnos entre hermanos, perdonar hasta setenta veces siete, ser mansos y humildes de corazón como él, nos enseña la pobreza y la pobreza en el espíritu como camino de felicidad para nosotros y para el mundo, nos enseña con su viva persona a preferir la relación con los pobres, los marginados, los impuros, nos manda anunciar su Buena Noticia a todas las gentes, etc., etc.

Si tratamos de vivir estos mandamientos porque son suyos, entonces sí que lo amamos.

 Su hermano: Carlos Pérez B., Pbro.

 


 

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