Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     





AMAR A JESÚS POR ENCIMA DE TODO

Domingo 13° ordinario, 28 de junio de 2026

Mateo 10,37-42.-

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: "El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.

Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.

Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.

(Un comentario). -

Continuamos escuchando las instrucciones, enseñanzas, advertencias de Jesús a sus discípulos enviados a misión. Es el discurso apostólico en el capítulo 10 de san Mateo. Permítanme repasar las insistencias del domingo pasado, para tener una visión más integral de la obra de Jesús:

La compasión por la gente vejada y abatida es lo que impulsa a Jesús a llamar y enviar trabajadores a los campos de Dios. Los envió a expulsar a los espíritus impuros y sanar de toda enfermedad y dolencia, a proclamar la cercanía del Reino. Les pidió que realizaran esta misión con toda gratuidad. Los envió como ovejas en medio de lobos, y les pidió que fueran prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Les advirtió que se cuidaran de los hombres, porque los iban a entregar a los tribunales y los iban a azotar en sus sinagogas; y, que por su causa serían llevados ante gobernadores y reyes, para que dieran testimonio ante ellos y ante los gentiles. En su defensa hablaría el Espíritu del Padre. Les anunció muertes y traiciones.

Ahora Jesús nos hace una aclaración muy fuerte que no se lee hoy en la liturgia: "No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él” (versículos 34-36). No los manda Jesús a hacer la guerra, a agredir o tomar venganza de los enemigos de Dios y del pueblo, pero el Evangelio sí va a provocar el rechazo del mundo. Y efectivamente eso sucedió en los primeros años de la Iglesia, el mundo se vino encima de los cristianos, hasta en los círculos cercanos, en el seno de algunas familias, entre amistades. Y tristemente sigue sucediendo en nuestros días.

Ante eso, Jesucristo nos llama a una opción clara y radical por él. Y ya sea en un clima de violencia adverso o ante los atractivos del mundo, que resultan más perjudiciales, Jesús nos llama a una relación de amor con él. Pero Jesús no ha de ser un amor entre varios o entre muchos. La opción por Jesús está por encima de todo, porque Jesús es nuestra identidad, el Salvador, nadie más, y estamos convidados a colaborar en su obra. El cristiano (el llamado y enviado) coloca a Jesús en el centro de su vida, y las demás cosas y personas las pone el cristiano a girar en torno a Jesús.

Nuestra fe en Jesús definitivamente no es esa religiosidad de actos y devociones, slogans, frases bonitas o meramente de nombre que los sacerdotes de hoy seguimos fomentando. El verdadero cristiano es el que acoge el llamado gratuito de Jesús, y deja todo por seguirlo. Por ello decimos: conocer, amar y seguir a Jesús, lo es todo, lo demás es nada. Tres veces repite Jesús esta frase: "no es digno de mí”. O amas a Jesús, en la práctica, por encima de todo, o no eres digno de él.

Y Jesús finaliza este discurso apostólico hablando de recompensas. Qué bonito debe sentir todo cristiano al escuchar sus palabras tan reconfortantes. Jesús no habla de darnos sueldo, o recompensas monetarias, sino lo que es más importante: salvar definitivamente la vida, y que él se identifique con cada uno de nosotros, sus llamados y enviados. Qué reconfortante se siente que nos diga: "Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado”. ¿Habrá otra cosa que nos pueda hacer más felices a los creyentes?

Yo tengo mucho que agradecerles a muchas personas (y por eso bendigo al Padre) que me han compartido su mesa, su casa, una cama donde dormir, sus vidas, su espiritualidad, en mis años de ministerio; porque soy de Cristo.

 

Su hermano: Carlos Pérez B., Pbro.

 


 

Copyright © 2026 www.iglesiaenchihuahua.org by xnet.com.mx
Mapa del Sitio | acceso |