("Los que son continuamente halagados y acariciados, agasajados, no son
más que merengue; cuanto más despreciados, abofeteados, injuriados y humillados
sean ustedes, más grandes serán, fuertes y buenos para el servicio de Dios”. Beato Antonio Chevrier, Cartas, # 130).
SIEMPRE CAMINAR DETRÁS DE JESÚS
Domingo 22° ordinario - A, 30 de agosto de 2026
Mateo 16,21-27. –
En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía
que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los
sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y
resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: "No lo
permita Dios, Señor; eso no te puede suceder a ti”. Pero Jesús se volvió a
Pedro y le dijo: "¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en
mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!”
Luego Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir conmigo, que
renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su
vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le
sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a
cambio para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre,
en compañía de sus ángeles, y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus
obras”.
Un comentario. -
El pasaje que hemos
escuchado hoy es continuación inmediata del pasaje que escuchamos y comentamos
el domingo pasado. ¿Lo recuerdan? Como cuestión importantísima y fundamental de
nuestro ser cristianos, Jesús nos preguntó por su identidad, por su misión, por
su mesianismo: ‘¿Quién dice la gente que soy yo, y quién dicen ustedes que soy
yo?’ Conocer y amar a Jesucristo, a profundidad, y de manera progresiva, es lo
que nos hace ser verdaderamente cristianos, discípulos suyos, seguidores suyos.
Simón Pedro fue el que respondió: "tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”.
Jesucristo lo felicitó y le aventó muchas flores por esta respuesta, que no es
humana sino una gracia que nos concede el Padre a todos los que la acogemos. La
respuesta a esta pregunta de Jesús, ha de ser personal, y hemos de contestar
desde el corazón y desde la vida, no con meras palabras, no con meros
pensamientos. No se trata de una respuesta aprendida de memoria.
Pero, ¿sabía Simón Pedro qué clase de Cristo, o
cristianismo, o mesianismo estaba viviendo y quería seguir viviendo Jesús? Pues
ahora nos damos cuenta de que no, radicalmente No. Jesucristo les revela a sus
discípulos su suerte en Jerusalén, a donde se encaminan decididamente, a la
entrega de la vida por la salvación de este mundo.
El mismo Jesucristo se presenta como el Cristo, el
Mesías, el Ungido, el Consagrado por el Espíritu para llevar el Evangelio a los
pobres (Lucas 4,18). Pero bien que nos aclara hoy que ese consagrado por el
Espíritu tiene que ir a Jerusalén, y que lo van a hacer sufrir mucho, y lo van
a condenar a muerte y resucitar al tercer día. Escuchemos bien: no van a ser
los del crimen organizado los que lo condenen a muerte, ni los paganos romanos,
ni los comerciantes, sino nada menos que la clase más religiosa de su tiempo,
los notables de la religión judía, ellos son los que lo van a condenar a
muerte. Este anuncio, desde luego que no le pareció a Simón Pedro, y seguramente
a sus compañeros, y tampoco a nosotros. Estas fueron sus palabras: "No lo permita Dios, Señor;
eso no te puede suceder a ti”. ¿Acaso no es de buenos
sentimientos la oposición de Simón Pedro a esa suerte de Jesús? Desde luego que
tampoco nosotros quisiéramos que esta humanidad ejecute, ni a nuestro Maestro
ni a ningún otro ser humano. Ése es el mundo que queremos, un mundo de vida
para todos. Pero no nos podemos oponer a la entrega de la vida de Cristo y de
muchos seguidores suyos, mártires gloriosos de nuestra Iglesia, como los que
estamos rememorando en este centenario de la persecución religiosa. Porque la
de Jesús no es una mera ejecución, es ante todo una entrega de la vida, y no
como un acto mágico de salvación, sino como un camino de salvación que hemos de
tomar todos los cristianos. En la segunda lectura, la cual no hemos asimilado
bien en la Iglesia, san Pablo nos dice que el verdadero culto es ofrecernos a
nosotros mismos. Exactamente lo que hizo Cristo.
¿Cuál
es la reacción de Jesús ante esta resistencia de Pedro y de nosotros? Para
nuestra sorpresa, Jesús le llama "satanás”.
Porque los pensamientos de Pedro y de nosotros, no son los pensamientos de Dios
sino pensamientos o criterios humanos. El camino de la salvación de este mundo
Jesús lo tiene muy claro, es necesario entregar la vida enteramente, para dar
vida. Y Jesús, nos lo pide a nosotros, si queremos caminar detrás de él: "colócate detrás de mí, satanás”. No
está bien traducido en el Leccionario Romano. Jesús no le está pidiendo a Pedro
que desaparezca, que se borre, que se esfume, sino que se ponga, como todo buen
discípulo, detrás del Maestro, y que camine detrás del Maestro. Esto nos pide
Jesús a cada uno de nosotros: el verdadero cristiano ha de caminar detrás de
Jesús, toda comunidad cristiana ha de caminar en seguimiento de Jesús, nuestra
Iglesia no es una institución independiente, no la hemos de construir según
nuestros pensamientos, sino según los pensamientos de Dios, según los criterios
de Jesús. Repasemos la segunda lectura. San Pablo se une a Jesús al decirnos: "No se dejen transformar
por los criterios de este mundo, sino dejen que una nueva manera de pensar los
transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios”. Precisamente es
lo que queremos celebrar en este Mes de la Biblia, ponernos en sintonía con los
pensamientos de Dios. Hemos hecho una Iglesia como una edificación humana,
copiando las estructuras del mundo, de poder, de recursos humanos, de dinero,
de dominio, en algunas cosas hasta parecemos una dictadura sagrada. En eso
hemos de considerarnos una obra del diablo, según palabras de Jesús mismo; si
pensamos como piensan los hombres, somos satanás. Por eso hemos de acercarnos
decididamente cada día más y más a los santos evangelios, a la Persona de
Jesús, el pobre galileo, el humilde, el despojado de sí mismo, en el condenado
a muerte como un delincuente, en quien vemos que se cumple la profecía de
Jeremías que escuchamos en la primera lectura: "me he convertido en objeto de oprobio y de
burla todo el día”.
Bueno,
Jesús nos lo dice con estas palabras: "El
que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga”.
Jesucristo quiere seguidores, no católicos de nombre, no católicos muy
religiosos pero que no colaboran con su obra de hacer un mundo mejor para
todos, porque para esto fue ungido o consagrado por el Espíritu Santo.
Su hermano: Carlos
Pérez B., Pbro.