("Repréndanse unos a otros sus defectos; es una buena manera de
corregirse y, al reprenderse así, realizan un gran acto de caridad hacia los
hermanos, y el que recibe la observación hace un acto de humildad agradable a
Dios y útil a su alma”. Beato Antonio Chevrier, Cartas, # 128).
LA CORRECCIÓN FRATERNA ES PALABRA DEL MAESTRO
Domingo 23° ordinario - A, 6 de septiembre de 2026
Mateo 18,15-20.-
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Si tu hermano comete un
pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si
no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se
diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso,
díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como
de un pagano o de un publicano.
Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el
cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de
acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá;
pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.
Un comentario. -
No
es lo mismo leer la Biblia que escuchar con obediencia a Dios, a su Hijo Jesús,
a su santo Espíritu. En el salmo 95 (94), que hemos recitado responsorialmente,
el mismo Dios nos llama a no hacernos los sordos ante su Palabra, sino a escucharla
con obediencia, con todo el corazón. Este salmo lo recitamos casi todos los
días los sacerdotes en nuestra liturgia de las horas… y ni aun así le hacemos
el caso debido.
Hoy,
la Palabra de Dios por medio del profeta Ezequiel, y el Hijo eterno del Padre,
nos dan un mandamiento que nos cuesta trabajo ponerlo en práctica como él mismo
lo vivió con aquellas gentes de su tiempo y que nos sigue dando cada vez que
entramos a esta página de los santos evangelios. Es toda una dinámica de
salvación, así hemos de acogerlo.
En
nuestra lectura continuada dominical del evangelio nos hemos saltado el
capítulo 17, porque el pasaje de la transfiguración lo hemos proclamado el 2°
domingo de cuaresma y también el 6 de agosto.
Este
mandamiento comienza con la parábola de la oveja perdida, muy conocida, y que
concluye con una frase que es la clave para todo este capítulo 18 de san Mateo,
y de todo el ministerio de Jesús, que salía a buscar a los pecadores y a
llamarlos a la conversión. Hoy no se proclama esta parábola y su conclusión. Nos
dice pues Jesús como una revelación extraordinaria: "no es voluntad de su Padre
celestial que se pierda uno solo de estos pequeños” (Mateo 18,14). Permítanme
repetir con insistencia, este versículo 14 es la clave para entender, poner en
práctica, vivir la dinámica de la corrección fraterna.
Nos dice Jesús claramente: "Si tu hermano comete un
pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano”. No es meramente un buen consejo, no es una sugerencia, no es
opcional, es un mandato de nuestro Señor, es Palabra del Señor, es la voluntad
de Dios nuestro Padre. Repito, la corrección fraterna es un recurso de
salvación para todos nosotros. En todo este capítulo 18 de san Mateo, el
Maestro nos da instrucciones para la vida en comunidad, las pequeñas
comunidades a las que estamos convocados los católicos en nuestra Iglesia.
Jesús
nos está diciendo que la vida de nuestros hermanos no nos es ajena, indiferente.
Posiblemente cuando vemos que hay algo malo o que alguien (que puedo ser yo
mismo) comete un pecado, pensemos que es algo que no nos incumbe, que debemos
cerrar los ojos, que debemos hacer como que no nos damos cuenta, porque es
meterse en vidas ajenas, que lo más cristiano es hacernos de la vista gorda. A
esa práctica en la Iglesia le llamamos "falso respeto humano”. Incluso nos
atenemos a que Jesucristo también nos llama a sacar primero la viga de nuestro ojo, para poder sacar la paja del ojo
del hermano. (ver Mateo 7,5). O sea que debemos sacar ambas cosas, nuestra viga
y la paja ajena.
Pues
resulta que, como lo acabamos de escuchar y repetir, Jesús nos manda sentirnos
responsables unos de otros en nuestras caídas en el pecado, pero vivirlo desde
el corazón de Dios nuestro Padre que no quiere que se pierda ninguno de
nosotros.
Por medio del profeta Ezequiel
(Palabra que Dios nos dirige desde los tiempos antiguos, primera lectura de
hoy) Dios nos manda: "Cuando escuches una palabra de mi boca, tú
se la comunicarás de mi parte”. Queda muy adecuado este mensaje en el Mes
de la Biblia que estamos celebrando. Y enseguida nos llama a sentirnos
responsables unos de otros de nuestra salvación o perdición. Permítanme repetir
la cita: "Si yo pronuncio sentencia de
muerte contra un hombre, porque es malvado, y tú no lo amonestas para que se
aparte del mal camino, el malvado morirá por su culpa, pero yo te pediré a ti
cuentas de su vida. En cambio, si tú lo amonestas para que deje su mal camino y
él no lo deja, morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida”.
Es
en este sentido como nos llama Jesucristo nuestro Maestro de vida y de
salvación a tendernos la mano unos a otros para no permanecer caídos en el pecado.
De eso se trata, de ayudarnos a salir de una situación de pecado. El pecado
desde luego que no es salvación, el pecado nos destruye, como personas, como
familia, como Iglesia, como sociedad. Para eso envió el Padre a su Hijo eterno,
para salvar a los pecadores ("y el
primero de ellos soy yo”, dice san Pablo en 1 Timoteo 1,15).
Así
es que propiamente Jesús nos está involucrando en la dinámica de la salvación
de Dios. No podemos ser indiferentes ante la perdición de nuestros hermanos o
ellos de la mía.
La
corrección fraterna la hemos de practicar con esa clarísima intención,
ayudarnos a salir del pecado. De ninguna manera se trata de estarnos condenando
unos a otros, de estarnos destruyendo mediante nuestras críticas.
No
dice nuestro Señor si la corrección fraterna ha de ser enérgica o suave,
ciertamente sí con amor y caridad. Pero hay que discernir cuál es la manera más
efectiva para ayudarnos unos a otros.
El
día que los católicos vivamos en pequeñas comunidades de vida (de base),
estaremos en capacidad de seguir los pasos que nos indica Jesús en el
evangelio: primero la corrección personal, luego, de ser necesaria, la
corrección con la ayuda de varios testigos, y tercero la corrección de la
comunidad. La exclusión del hermano que no quiere hacer caso, es también un
paso en la corrección fraterna, pero no es el último. El último paso que leemos
en este capítulo, es el pasaje evangélico del próximo domingo, el perdonar a
quien de veras se haya arrepentido y convertido.
Repitamos
en este mes de la Biblia: escuchar con obediencia al Maestro en eso consiste
nuestra vida cristiana.
Su hermano: Carlos
Pérez B., Pbro.