("Me siento impulsado a ponerme de rodillas en medio de la Iglesia para
humillarme y pedir perdón a todo el mundo por lo que yo haya podido hacer que
les haya escandalizado u ofendido”. Beato Antonio
Chevrier, Cartas, # 318).
PERDONAR PARA CAMBIAR AL MUNDO
Domingo 24° ordinario - A, 13 de septiembre de 2026
Mateo 18,21-35.-
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: "Si mi hermano
me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le
contestó: "No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”.
Entonces Jesús les dijo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey
que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le
debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo
vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la
deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‘Ten
paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. El rey tuvo lástima de aquel servidor,
lo soltó y hasta le perdonó la deuda.
Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus
compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi
lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se
le arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el
otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le
pagara la deuda.
Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron
a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo
malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú
también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’
Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran
hasta que pagara lo que debía.
Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no
perdona de corazón a su hermano”.
Un comentario. -
El domingo pasado escuchamos como
enseñanza y buena noticia de Jesús, el proceso de la corrección fraterna.
Recordemos los cinco pasos que nos deja nuestro Maestro como mandamiento de
salvación: "Si tu hermano comete un
pecado, habla con él a solas y hazle reconocer su falta. Si te hace caso,
habrás salvado a tu hermano”. Si no te hace caso, síguele haciendo
la lucha, con dos o tres testigo, o con la ayuda de toda la comunidad, que en
caso de nosotros sería juntar a toda su familia amplia, o a todo el grupo
apostólico, mientras nos organizamos en comunidades de base, o pequeñas
comunidades de vida cristiana. En caso de que un hermano (que puedo ser yo) se
resista a salir de su situación de pecado, pues el cuarto paso suena muy
drástico, pero es Palabra de nuestro Señor: "considérenlo
un pagano o un publicano”.
Lo bueno es que aquí no termina el
proceso de la corrección fraterna. El empeño por salvarlo, no sólo a él sino a
todo nuestro mundo, sigue en pie. Simón Pedro es el que nos hace el favor de
preguntarle al Maestro: "¿cuántas veces
tengo que perdonar a mi hermano, hasta siete veces?” ¿Qué responde Jesús?
(… Así es). "Hasta setenta veces siete”.
Cifra que no ha tomarse matemáticamente, sino que habla de la actitud cristiana
que nos viene de Dios mismo: estar siempre abiertos a la conversión de todo ser
humano, cambio de vida profundo, de raíz, de corazón. El corolario de su
parábola es una frase fantástica que hemos de comprender y vivir poco a poco y
decididamente: "Pues lo mismo hará mi
Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.
Se antoja hacer algunos comentarios
o precisiones que nos ayudan a comprender mejor y practicar esta instrucción de
nuestro Señor:
1° No perdamos de vista la frase del
versículo 14 que es la inspiración de todo el proceso de la corrección
fraterna, incluso de la encarnación y de todo el ministerio de nuestro señor
Jesucristo, frase con la que concluye la parábola de la oveja perdida y
rescatada: "De la misma manera, no es voluntad de su Padre celestial que se pierda uno solo de estos
pequeños” (Mateo 18,14).
Salvar a esta humanidad es la voluntad del Padre.
2° Cuando Jesús habla de perdonar
hasta 70 veces siete, se refiere a re andar todo el proceso de la corrección
fraterna. Si no se hace así, entonces no se trata de una práctica cristiana.
Los evangelios están llenos de amonestaciones de nuestro Señor Jesucristo, de
llamados a la conversión, para sus discípulos, para el pueblo, para las gentes
religiosas, para las autoridades.
3° Hay un perdón que salva y hay un
perdón que deja las cosas como están, que deja que el hermano siga en su
situación de pecado. El verdadero perdón cristiano es el que mueve a la
conversión y, por lo mismo, a la salvación de Dios. (¿ejemplos? Muchísimos). Lo
que se excluye es el rencor, el odio, la venganza, la indiferencia. Esos no
salvan.
4° Es muy cierto lo que escuchamos
en el libro del Eclesiástico, y este llamado habría que hacérselo llegar a
tantísimas personas que viven lastimadas por agravios profundos: "Cosas abominables son el rencor y la
cólera; sin embargo, el pecador se aferra a ellas”. El odio, el rencor, ¿a
quién beneficia, a quién perjudica? No al que es odiado, sino al que odia. ¿Por
qué aferrarse al odio y al rencor si destruyen al que los trae en su corazón?
Incluso el resentimiento o la herida que perdura. No los consideramos pecado,
pero sí destruyen a quien los lleva. OLVÍDENLOS, échenlos para afuera, sólo
corroen nuestro corazón como un cáncer y en nada nos benefician. Al contrario,
el perdón de corazón, es salud y salvación para el que lo practica. Ni siquiera
la muerte del que me hizo daño me trae ningún beneficio. Y en esto hemos de
contagiar al mundo, a nuestra sociedad, que en su legítimo clamor de justicia
incluye el no perdonar. Nuestra misión es llamar a la salvación para todos.
Esto no significa que los agresores y los corruptos deban andar libres, claro
que no. Pueden seguir encerrados para protección de las víctimas, pero perdonados
desde el corazón. El perdón de Dios, y el perdón de las criaturas, será
efectivo cuando el agresor, profundamente arrepentido, humildemente
arrepentido, acepte su pecado, esté dispuesto a rehacer el daño causado, en la
medida de lo posible, y haya cambiado de orientación su vida.
5° En la oración del Padre Nuestro
nos enseñó Jesús a suplicarle el perdón al Padre, siempre y cuando nosotros
estemos dispuestos a perdonar a nuestros hermanos. Y lo mismo lo repite Jesús
en su parábola de hoy: "lo mismo hará mi
Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.
Su hermano: Carlos
Pérez B., Pbro.