("La palabra de Dios es tan elevada, tan pura, tan celeste, tan por
encima de nosotros que, cuando la escuchamos, nuestras mil pasiones se levantan
y se revuelven en su contra, porque se encuentran en oposición directa con esta
misma palabra que las condena y las destruye”. Beato Antonio
Chevrier, El Verdadero Discípulo, p. 124).
EL REINO DE LA GRATUIDAD Y LA EQUIDAD
Domingo 25° ordinario - A, 20 de septiembre de 2026
Mateo 20,1-16.-
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: "El Reino
de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar
trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario
por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que
estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les
pagaré lo que sea justo’. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo
mismo.
Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía otros que
estaban en la plaza y les dijo: ‘¿Por qué han estado aquí todo el día sin
trabajar?’ Ellos le respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. Él les
dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’.
Al atardecer, el dueño de la viña dijo a su administrador: ‘Llama a los
trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues
a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y
recibieron un denario cada uno.
Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más;
pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a
reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo
trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que
soportamos el peso del día y del calor’.
Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna
injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo
tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no
puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy
bueno?’
De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los
últimos”.
Un comentario. -
En este mes de la Biblia permítanme acentuar que
escuchamos la Palabra de Dios con un corazón obediente, dispuestos a poner
nuestra vida personal, familiar, vecinal, laboral, social, en sintonía con esa
Palabra. Poco a poco nos tenemos que educar para escuchar las lecturas de la
Misa con mucha atención. ¿Qué pasajes escuchamos hoy? Escuchamos al profeta
Isaías, donde nos dice Dios que sus pensamientos y caminos aventajan con mucho
a los nuestros; lo escuchamos en el salmo y lo hemos alabado porque él es
compasivo, misericordioso, y enteramente justo. En la segunda lectura Dios nos
ha hablado por medio de san Pablo. Qué diéramos porque todos los católicos nos
fuéramos impregnando y viviendo intensamente la espiritualidad de este apóstol,
quien prefiere partir de este mundo para estar con Cristo, como lo debemos
desear todos los cristianos, pero si Dios lo deja en este mundo, es para
servir.
Vayamos al evangelio:
Jesucristo nos habla del Reino de
los cielos por medio de parábolas. Tendríamos que preguntarle a nuestro Maestro
si nos está hablando del reino de los cielos o del reino de este suelo, porque
no menciona a los ángeles, santos y vírgenes, ni siquiera menciona los rezos y
las liturgias, sino a unos trabajadores, jornaleros del campo, los que trabajan
para llevar el alimento a sus familias. Jesucristo fue un artesano en Nazaret.
No tenía parcela ni ganado. Cuando Jesús no tenía trabajo, con toda seguridad
tuvo que contratarse en las fincas de los propietarios romanos o de la clase
sacerdotal, en las lomas de Galilea. En su parábola plasma la experiencia que
seguramente vivió antes de dedicarse al ministerio. Qué hermoso que recoja la
experiencia de tantos seres humanos y las transmita en sus enseñanzas, para
hablarnos y entusiasmarnos por el proyecto de Dios, como buena noticia, para
esta humanidad.
Esta parábola de los jornaleros del
campo, no encaja bien con este mundo que cada día es más calculador, más
economicista, excluyente y egoísta. A nosotros, ¿qué nos parece que los
trabajadores hayan recibido un denario lo mismo los que llegaron temprano como
los que llegaron a última hora? Si vemos las cosas con cálculos económicos,
pues desde luego que pensamos que el dueño de la viña es un mal administrador
de sus bienes.
Pero si contemplamos a Dios en esta
parábola, como es el propósito de nuestro Señor Jesucristo, pues comprobado
está que Dios es generoso, gratuito, que nunca se cansa, ni su poder merma
porque genera una creación que más nos parece un derroche de recursos y de
vida. Miremos el universo, tan inmenso y lleno de energía, que nunca para de
despedir calor y materia por todos lados. Miremos este planeta tan lleno de vida.
Jesucristo nos decía, en el sermón de la montaña que miráramos las aves del
cielo que no siembran ni cosechan y, sin embargo, Dios las alimenta; que
miremos las flores del campo que no hilan ni tejen y sin embargo se visten
mejor que el rey Salomón (veamos Mateo 6,26). En los salmos proclamamos que
Dios abre su mano creadora y todas sus criaturas se llenan de bienes (ver salmo
104,28). Dios, mucho antes de que los seres humanos aprendiéramos a cultivar la
tierra y a criar animalitos, siempre ha derrochado vida a lo largo de millones
de años.
Dios es compasivo. Todo trabajador
pudo llevar a su casa el sustento para su familia. El denario era como el
salario mínimo para aquellos tiempos. Si un jornalero no trabajaba un día, ese
día no comían sus hijos. El propietario de la viña no actuó con criterios
económicos sino compasivos.
Pero lo más admirable es su
gratuidad para con nosotros: nos colma de bienes materiales y espirituales.
Jesucristo nos está invitando a ser como Dios, gratuitos, generosos; a hacer un
mundo según los pensamientos de Dios, no según los pensamientos tan apocados de
los hombres. Así nos lo dice Dios por medio del profeta Isaías: "Mis pensamientos no son los pensamientos de
ustedes, sus caminos no son mis caminos, dice el Señor. Porque así como
aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los de ustedes y
mis pensamientos a sus pensamientos”. Dios quiere hacer un mundo donde a
nadie le falte el pan, el techo, trabajo, educación, espiritualidad, y
Jesucristo nos llama a comprometernos con ese proyecto, el reino de la equidad.
Su hermano: Carlos
Pérez B., Pbro.