(El Espíritu "no está incluso en las prácticas exteriores de piedad,
puesto que los fariseos ayunaban, rezaban y hacían limosna, y Nuestro Señor
condena toda su justicia, por grande y rigurosa que parezca a los ojos de los
hombres”. Beato Antonio Chevrier, El Verdadero Discípulo, p. 219).
Este próximo viernes 2 de octubre, la familia espiritual
del Prado vamos a celebrar la memoria del beato Antonio Chevrier, nuestro
fundador, el que nos enseñó y motivó a estudiar a nuestro Señor Jesucristo en
los santos evangelios, quien nos envía a evangelizar a los pobres, y
quisiéramos que todos los cristianos nos dejáramos mover por Jesús.
LAS PROSTITUTAS SE NOS HAN ADELANTADO
Domingo 26° ordinario - A, 27 de septiembre de 2026
Mateo 21,28-32.-
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del
pueblo: "¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al
primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’. Él le contestó: ‘Ya
voy, señor’, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo.
Éste le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos
hizo la voluntad del padre?” Ellos le respondieron: "El segundo”.
Entonces Jesús les dijo: "Yo les aseguro que los publicanos y las
prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a
ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los
publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de
haber visto, se han arrepentido ni han creído en él”.
Un comentario. -
En estos domingos del tiempo
ordinario hemos venido caminando detrás de Jesús por las páginas del evangelio
según san Mateo. Con él hemos llegado a la ciudad de Jerusalén. Subimos al
templo donde contemplamos a nuestro Maestro expulsando a los vendedores del
templo, un choque frontal de nuestro Señor con esa estructura cultual, con esa
religiosidad purista cerrada a los pobres y pecadores, excluyente. Un templo y
una religiosidad que no salvaba, que no se dejaba atrapar en los planes
salvadores de Dios.
Así es que, después de expulsar a
los vendedores, Jesucristo recibe varias comitivas o grupos que se acercan para
interpelarlo sobre sus acciones. ¿Con qué autoridad haces esto?, le preguntan
los sumos sacerdotes y los ancianos del sanedrín. Jesús, como respuesta, les
dirige cuatro parábolas: la que escuchamos hoy: la parábola de los dos hijos;
luego, la parábola de los viñadores asesinos, que proclamaremos el domingo
próximo, con el favor de Dios; y enseguida, las dos parábolas del banquete de
bodas. Pero ellos, en vez de recapacitar, de acoger su llamado a la conversión,
en vez de eso van a tramar y ejecutar su muerte en la cruz.
En esta parábola de los dos hijos,
Jesucristo recoge la experiencia vivida por todos nosotros desde nuestra niñez.
¿Cuántas veces hemos dicho que sí vamos a hacer alguna cosa, que sí vamos a
cumplir con un compromiso o una responsabilidad y cuántas veces no hemos
cumplido? O lo contrario, ¿cuántas veces no hemos tenido ganas de hacer algún mandado,
algún servicio y sin embargo de todas maneras lo hemos hecho?
En cuestiones de religiosidad, las
personas más entradas en religión estamos representadas por el hijo que dice
que Sí a Dios, pero no cumplimos su voluntad. Y al contrario, personas que no
son tan religiosas (que en estos tiempos y sociedad no son tantas), pero con su
vida de servicio, de caridad, le están diciendo que sí a Dios, aunque no lo
hagan con palabras o con buenas intenciones, sino con hechos.
Así era en los tiempos de Jesús. Él
vivía de cerca esa experiencia. Cuántas veces leemos en los evangelios las
denuncias o regaños que les lanza Jesús, de frente, a personajes muy
religiosos, muy devotos, muy entrados en rezos y actos de culto, como los
sacerdotes, levitas, ancianos del sanedrín, fariseos, escribas, saduceos, para
hacerles ver que no por sus actos exterioristas estaban cumpliendo la voluntad
de Dios. Qué reprensión tan fuerte les lanza Jesús con palabras que hasta a uno
le da cierta pena repetir: "Yo les
aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino
del Reino de Dios”. Yo les aseguro que jamás nadie los había "ofendido” de
esa manera tan clara y directa, como vemos ahora que lo hace este pobre galileo
marginal. Si ellos le preguntaban que qué autoridad tenía para expulsar a sus
vendedores del templo, con mucha mayor razón habría que preguntarle a Jesús con
qué autoridad los compara con los publicanos y las mujeres de mala vida, que tan
despreciados eran por ellos. (Hoy día pensamos y decimos que estas mujeres son
víctimas de los hombres y no tanto pecadoras). Es admirable nuestro Maestro
que, sin tener ninguna autoridad humana, es tan claridoso para hablar de frente
con personas tan notables y respetables en el pueblo judío. Desde luego que
nosotros la tomamos como una llamada a la conversión de vida, como lo menciona
el mismo Jesús.
¿Por qué decía Jesús qué no estaban
cumpliendo la voluntad de Dios? Porque eran muy religiosos pero no salían a
salvar a los pobres, a los pecadores, los enfermos, los impuros, siendo que ésa
era propiamente la voluntad del Padre. Recordemos aquellas palabras de oro que
Jesús nos dejó en Mateo 18,14: "No es
voluntad de su Padre celestial que
se pierda uno solo de estos pequeños”. Jesucristo sí cumplía la voluntad salvadora del
Padre saliendo a buscarlos, revelándoles el amor de Dios con hechos y milagros,
invitándolos también a la conversión de vida, enseñándoles el camino de Dios.
El templo y la religión judía de aquel tiempo no estaban sirviendo para eso.
Ahora bien, este llamado a
convertirnos, a vivir una religiosidad coherente en los hechos, es especial
para nosotros, las altas jerarquías, las bajas jerarquías, y también para los
fieles laicos. Yo pienso que Jesús bien se apronta a las puertas de la curia
romana para decirles lo mismo, como ante las curias diocesanas y las casas y
templos parroquiales. Pero no está demás que también nuestros fieles laicos más
religiosos acepten este llamado fuerte de Jesús.
El Sí a Dios no se lo decimos con
actos religiosos sino viviendo el Evangelio de Jesús (hay que estudiarlo), cambiando
profundamente nuestra vida y nuestro corazón, viviendo el servicio, la
misericordia, la caridad para con los más necesitados.
Su hermano: Carlos
Pérez B., Pbro.